Algumas centenas de antigos militantes do MES comemoraram, ontem, na Costa da Caparica, os trinta anos da sua extinção. Estiveram presentes protagonistas das principais cisões e vários rostos da vida completa do MES. Estiveram presentes cidadãos que usaram a sua vida sem protagonismo na esfera pública, militantes de diversas causas generosas, militantes políticos sem exposição mediática, detentores de prestígios exteriores à política, deputados e ex-deputados, ex-Ministros, ex-Secretários de Estado, ex-Secretários Gerais do Partido Socialista, um ex-Presidente da República. Sem mesas de honra, sem primeiras filas, sem vénias, mas com um grande calor humano, com uma fraternidade subtil mas patente, bem dispostos. Gente com uma auto-imagem suficientemente afirmativa para pensar que o que fez, em conjunto, sob aquela bandeira, por pouco que tivesse sido, foi importante; mas com a auto-ironia bastante para saber que essa importância não justifica a empáfia da grandiloquência.
Se um voo rápido da imaginação nos levasse a ver toda aquela gente, apostando numa iniciativa política comum, é realista pensar-se que a paisagem política portuguesa seria outra. E mesmo que, num assomo de modéstia, a imaginação se limitasse ao espaço de um único partido (pensando naquele a que pertenço, penso no PS), é realista pensar-se que, se aqueles que ali estavam e são militantes do PS, traduzissem o sentido que atribuíram aos sonhos ali comemorados numa imaginação política actual, em que todos se reconhecessem, rapidamente nos afastaríamos de qualquer cinzentismo abafado. Mas todos sabemos que essa imaginação não é realizável, embora a devamos deixar pairar como sombra orientadora ou como amável e virtuosa ameaça, ainda que frágil e suave.
O tempo deixou, no que cada um de nós viu no rosto dos outros, a sua implacável marca e uma discreta melancolia. A memória foi-nos reconduzindo aos rostos dos nossos passados, num intercâmbio de recordações dispersas e calorosas, por vezes simplesmente intuídas, às vezes passageiras, sempre luminosas. As diferenças antigas tornaram-se pequenas e amigáveis. O essencial ficou de pé, como uma saudade da razão.
Vivemos um tempo em que algumas narrativas das grandes esquerdas já foram encerradas nos atalhos da história, enquanto outras parecem ter perdido o futuro, quando se deixaram extraviar demasiadas vezes nos seus presentes. Mas o tempo cruel do capitalismo agonizante não conseguiu fechar, na arca dos impossíveis e do esquecimento, as desamparadas narrativas das pequenas esquerdas. Elas que nasceram frágeis e minoritárias (quando eram enormes as narrativas dum realmente existente, que afinal não existia), questionando-se ao mesmo tempo que questionavam, subsistem com simplicidade, abertas a novos sonhos e a novas maneiras de sonhar um futuro.
Cientes da diversidade de opiniões ali presente, mas que a ninguém embaraçou, aquelas centenas de cidadãos, sob a superfície emocionada de uma simples efeméride, penso eu, que homenagearam a semente de utopia que há trinta e quarenta anos os animou. Uma utopia feita de palavras simples, virtuosamente indissociáveis, sedentas de uma sinergia insubstituível: liberdade e democracia; igualdade e justiça; fraternidade e solidariedade. Ou seja, sair do capitalismo pela mão do povo, através da sua vida e da sua força, através de mutações sociais politicamente sustentadas, com a ajuda (apenas ajuda, ainda que importante) de um Estado que seja democraticamente seu. Numa palavra, levar a democracia ao extremo de si própria.
Rui Namorado (Acerca do almoço dos ex-MES realizado em 12 de Novembro de 2011)
Monday, November 28, 2011
Wednesday, November 02, 2011
Monday, October 31, 2011
PAUL KRUGMAN - Islandia, el camino que no tomamos
Los mercados financieros están celebrando el pacto alcanzado en Bruselas a primera hora del jueves. De hecho, en relación con lo que podría haber sucedido (un amargo fracaso para ponerse de acuerdo), que los dirigentes europeos se hayan puesto de acuerdo en algo, por imprecisos que sean los detalles y por deficiente que resulte, es un avance positivo.
Al revés que el resto, Islandia dejó arruinarse a los bancos y amplió su red de seguridad social
Pero merece la pena retroceder para contemplar el panorama general, concretamente el lamentable fracaso de una doctrina económica, una doctrina que ha infligido un daño enorme tanto a Europa como a Estados Unidos.
La doctrina en cuestión se resume en la afirmación de que, en el periodo posterior a una crisis financiera, los bancos tienen que ser rescatados, pero los ciudadanos en general deben pagar el precio. De modo que una crisis provocada por la liberalización se convierte en un motivo para desplazarse aún más hacia la derecha; una época de paro masivo, en vez de reanimar los esfuerzos públicos por crear empleo, se convierte en una época de austeridad, en la cual el gasto gubernamental y los programas sociales se recortan drásticamente.
Nos vendieron esta doctrina afirmando que no había ninguna alternativa -que tanto los rescates como los recortes del gasto eran necesarios para satisfacer a los mercados financieros- y también afirmando que la austeridad fiscal en realidad crearía empleo. La idea era que los recortes del gasto harían aumentar la confianza de los consumidores y las empresas. Y, supuestamente, esta confianza estimularía el gasto privado y compensaría de sobra los efectos depresores de los recortes gubernamentales.
Algunos economistas no estaban convencidos. Un escéptico afirmaba cáusticamente que las declaraciones sobre los efectos expansivos de la austeridad eran como creer en el "hada de la confianza". Bueno, vale, era yo.
Pero, no obstante, la doctrina ha sido extremadamente influyente. La austeridad expansiva, en concreto, ha sido defendida tanto por los republicanos del Congreso como por el Banco Central Europeo, que el año pasado instaba a todos los Gobiernos europeos -no solo a los que tenían dificultades fiscales- a emprender la "consolidación fiscal".
Y cuando David Cameron se convirtió en primer ministro de Reino Unido el año pasado, se embarcó inmediatamente en un programa de recortes del gasto, en la creencia de que esto realmente impulsaría la economía (una decisión que muchos expertos estadounidenses acogieron con elogios aduladores).
Ahora, sin embargo, se están viendo las consecuencias, y la imagen no es agradable. Grecia se ha visto empujada por sus medidas de austeridad a una depresión cada vez más profunda; y esa depresión, no la falta de esfuerzo por parte del Gobierno griego, ha sido el motivo de que en un informe secreto enviado a los dirigentes europeos se llegase la semana pasada a la conclusión de que el programa puesto en práctica allí es inviable. La economía británica se ha estancado por el impacto de la austeridad, y la confianza tanto de las empresas como de los consumidores se ha hundido en vez de dispararse.
Puede que lo más revelador sea la que ahora se considera una historia de éxito. Hace unos meses, diversos expertos empezaron a ensalzar los logros de Letonia, que después de una terrible recesión se las arregló, a pesar de todo, para reducir su déficit presupuestario y convencer a los mercados de que era fiscalmente solvente. Aquello fue, en efecto, impresionante, pero para conseguirlo se pagó el precio de un 16% de paro y una economía que, aunque finalmente está creciendo, sigue siendo un 18% más pequeña de lo que era antes de la crisis.
Por eso, rescatar a los bancos mientras se castiga a los trabajadores no es, en realidad, una receta para la prosperidad. ¿Pero había alguna alternativa? Bueno, por eso es por lo que estoy en Islandia, asistiendo a una conferencia sobre el país que hizo algo diferente.
Si han estado leyendo las crónicas sobre la crisis financiera, o viendo adaptaciones cinematográficas como la excelente Inside Job, sabrán que Islandia era supuestamente el ejemplo perfecto de desastre económico: sus banqueros fuera de control cargaron al país con unas deudas enormes y al parecer dejaron a la nación en una situación desesperada.
Pero en el camino hacia el Armagedón económico pasó una cosa curiosa: la propia desesperación de Islandia hizo imposible un comportamiento convencional, lo que dio al país libertad para romper las normas. Mientras todos los demás rescataban a los banqueros y obligaban a los ciudadanos a pagar el precio, Islandia dejó que los bancos se arruinasen y, de hecho, amplió su red de seguridad social. Mientras que todos los demás estaban obsesionados con tratar de aplacar a los inversores internacionales, Islandia impuso unos controles temporales a los movimientos de capital para darse a sí misma cierto margen de maniobra.
¿Y cómo le está yendo? Islandia no ha evitado un daño económico grave ni un descenso considerable del nivel de vida. Pero ha conseguido poner coto tanto al aumento del paro como al sufrimiento de los más vulnerables; la red de seguridad social ha permanecido intacta, al igual que la decencia más elemental de su sociedad. "Las cosas podrían haber ido mucho peor" puede que no sea el más estimulante de los eslóganes, pero dado que todo el mundo esperaba un completo desastre, representa un triunfo político.
Y nos enseña una lección al resto de nosotros: el sufrimiento al que se enfrentan tantos de nuestros ciudadanos es innecesario. Si esta es una época de increíble dolor y de una sociedad mucho más dura, ha sido por elección. No tenía, ni tiene, por qué ser de esta manera.
PAUL KRUGMAN
Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008. 2001. New York Times Service. Traducción de News Clips. [in El Pais 30-10-2011]
Wednesday, April 13, 2011
Robert M. Fishman - acerca do "resgate"
PORTUGAL’S plea for help with its debts from the International Monetary Fund and the European Union last week should be a warning to democracies everywhere.
The crisis that began with the bailouts of Greece and Ireland last year has taken an ugly turn. However, this third national request for a bailout is not really about debt. Portugal had strong economic performance in the 1990s and was managing its recovery from the global recession better than several other countries in Europe, but it has come under unfair and arbitrary pressure from bond traders, speculators and credit rating analysts who, for short-sighted or ideological reasons, have now managed to drive out one democratically elected administration and potentially tie the hands of the next one.
If left unregulated, these market forces threaten to eclipse the capacity of democratic governments — perhaps even America’s — to make their own choices about taxes and spending.
Portugal’s difficulties admittedly resemble those of Greece and Ireland: for all three countries, adoption of the euro a decade ago meant they had to cede control over their monetary policy, and a sudden increase in the risk premiums that bond markets assigned to their sovereign debt was the immediate trigger for the bailout requests.
But in Greece and Ireland the verdict of the markets reflected deep and easily identifiable economic problems. Portugal’s crisis is thoroughly different; there was not a genuine underlying crisis. The economic institutions and policies in Portugal that some financial analysts see as hopelessly flawed had achieved notable successes before this Iberian nation of 10 million was subjected to successive waves of attack by bond traders.
Market contagion and rating downgrades, starting when the magnitude of Greece’s difficulties surfaced in early 2010, have become a self-fulfilling prophecy: by raising Portugal’s borrowing costs to unsustainable levels, the rating agencies forced it to seek a bailout. The bailout has empowered those “rescuing” Portugal to push for unpopular austerity policies affecting recipients of student loans, retirement pensions, poverty relief and public salaries of all kinds.
The crisis is not of Portugal’s doing. Its accumulated debt is well below the level of nations like Italy that have not been subject to such devastating assessments. Its budget deficit is lower than that of several other European countries and has been falling quickly as a result of government efforts.
And what of the country’s growth prospects, which analysts conventionally assume to be dismal? In the first quarter of 2010, before markets pushed the interest rates on Portuguese bonds upward, the country had one of the best rates of economic recovery in the European Union. On a number of measures — industrial orders, entrepreneurial innovation, high-school achievement and export growth — Portugal has matched or even outpaced its neighbors in Southern and even Western Europe.
Why, then, has Portugal’s debt been downgraded and its economy pushed to the brink? There are two possible explanations. One is ideological skepticism of Portugal’s mixed-economy model, with its publicly supported loans to small businesses, alongside a few big state-owned companies and a robust welfare state. Market fundamentalists detest the Keynesian-style interventions in areas from Portugal’s housing policy — which averted a bubble and preserved the availability of low-cost urban rentals — to its income assistance for the poor.
A lack of historical perspective is another explanation. Portuguese living standards increased greatly in the 25 years after the democratic revolution of April 1974. In the 1990s labor productivity increased rapidly, private enterprises deepened capital investment with help from the government, and parties from both the center-right and center-left supported increases in social spending. By the century’s end the country had one of Europe’s lowest unemployment rates.
In fairness, the optimism of the 1990s gave rise to economic imbalances and excessive spending; skeptics of Portugal’s economic health point to its relative stagnation from 2000 to 2006. Even so, by the onset of the global financial crisis in 2007, the economy was again growing and joblessness was falling. The recession ended that recovery, but growth resumed in the second quarter of 2009, earlier than in other countries.
Domestic politics are not to blame. Prime Minister José Sócrates and the governing Socialists moved to cut the deficit while promoting competitiveness and maintaining social spending; the opposition insisted it could do better and forced out Mr. Sócrates this month, setting the stage for new elections in June. This is the stuff of normal politics, not a sign of disarray or incompetence as some critics of Portugal have portrayed it.
Could Europe have averted this bailout? The European Central Bank could have bought Portuguese bonds aggressively and headed off the latest panic. Regulation by the European Union and the United States of the process used by credit rating agencies to assess the creditworthiness of a country’s debt is also essential. By distorting market perceptions of Portugal’s stability, the rating agencies — whose role in fostering the subprime mortgage crisis in the United States has been amply documented — have undermined both its economic recovery and its political freedom.
In Portugal’s fate there lies a clear warning for other countries, the United States included. Portugal’s 1974 revolution inaugurated a wave of democratization that swept the globe. It is quite possible that 2011 will mark the start of a wave of encroachment on democracy by unregulated markets, with Spain, Italy or Belgium as the next potential victims.
Americans wouldn’t much like it if international institutions tried to tell New York City, or any other American municipality, to jettison rent-control laws. But that is precisely the sort of interference now befalling Portugal — just as it has Ireland and Greece, though they bore more responsibility for their fate.
Only elected governments and their leaders can ensure that this crisis does not end up undermining democratic processes. So far they seem to have left everything up to the vagaries of bond markets and rating agencies.
By ROBERT M. FISHMAN
Domestic politics are not to blame. Prime Minister José Sócrates and the governing Socialists moved to cut the deficit while promoting competitiveness and maintaining social spending; the opposition insisted it could do better and forced out Mr. Sócrates this month, setting the stage for new elections in June. This is the stuff of normal politics, not a sign of disarray or incompetence as some critics of Portugal have portrayed it.
Could Europe have averted this bailout? The European Central Bank could have bought Portuguese bonds aggressively and headed off the latest panic. Regulation by the European Union and the United States of the process used by credit rating agencies to assess the creditworthiness of a country’s debt is also essential. By distorting market perceptions of Portugal’s stability, the rating agencies — whose role in fostering the subprime mortgage crisis in the United States has been amply documented — have undermined both its economic recovery and its political freedom.
In Portugal’s fate there lies a clear warning for other countries, the United States included. Portugal’s 1974 revolution inaugurated a wave of democratization that swept the globe. It is quite possible that 2011 will mark the start of a wave of encroachment on democracy by unregulated markets, with Spain, Italy or Belgium as the next potential victims.
Americans wouldn’t much like it if international institutions tried to tell New York City, or any other American municipality, to jettison rent-control laws. But that is precisely the sort of interference now befalling Portugal — just as it has Ireland and Greece, though they bore more responsibility for their fate.
Only elected governments and their leaders can ensure that this crisis does not end up undermining democratic processes. So far they seem to have left everything up to the vagaries of bond markets and rating agencies.
By ROBERT M. FISHMAN
Sunday, April 10, 2011
EDUARDO FERRO RODRIGUES - Intervenção no Congresso do PS - 9 de Abril de 2011
Caro Presidente, meu querido António Almeida Santos
Caro Secretário Geral José Socrates
Caras e Caros Amigos e Camaradas
É com grande emoção que volto a falar num congresso do Partido Socialista, quase 7 anos depois.
Emoção acrescida devido às palavras do nosso Secretario Geral José Sócrates.
Palavras sinceras, palavras sentidas, palavras amigas.
Grande emoção, mas também grande responsabilidade.
Respondi positivamente ao desafio de José Sócrates e voltarei a curtíssimo prazo para Portugal para participar nesta batalha histórica, em momento tão difícil para o nosso país.
Para mim este não é um tempo de abandono, é um tempo de regresso.
Este não é um tempo de calculismo, é um tempo de combate, um tempo de afirmação das nossas respostas, dos nossos valores, dos nossos princípios.
Com a aprovação das listas de candidatos pelos órgãos responsáveis do PS, desencadearei as diligências administrativas para solicitar a exoneração do cargo de Chefe da Missão de Portugal junto da OCDE, para estar liberto destas funções antes da entrega das listas de candidatos, como a lei impõe. Entretanto, a transição na nossa Delegação e na OCDE será realizada com a responsabilidade que a minha missão obriga.
Servir Portugal, durante mais de 5 anos, neste importante posto foi uma honra inesquecível.
Amigas, Amigos, Camaradas
Portugal vive uma situação muito difícil. A nossa economia de há muito que tem problemas de crescimento, sobretudo depois da presença na zona euro.
As debilidades do nosso modelo de crescimento, conjugadas na zona euro com o aumento da nossa dívida externa, privada e pública, tornaram a economia portuguesa num elo frágil face à dureza da crise internacional.
Os esforços que foram feitos para aumentar o nosso potencial de crescimento - com investimentos na educação e formação, nas infraestruturas, na simplificação e modernização administrativa, nas energias renováveis, apesar de muito significativos, revelaram-se insuficientes para travar a tormenta financeira que nos atingiu. Tormenta financeira que, é bom que se sublinhe, nenhuma grande organização internacional, do FMI à OCDE, passando pela União Europeia, conseguiu prever. Nenhuma Organização previu nem a eclosão dessa tormenta financeira, nem as suas consequências económicas e sociais.
Tormenta financeira causada pelos mesmos que, à escala mundial, agora mais beneficiam dela - fundos especulativos, agências de notação, gestores financeiros sem escrúpulos, mas com muitos prémios.
Em 2009, as palavras de ordem um pouco por todo o lado eram de incentivar os Estados para o gasto público, para evitar que a grande recessão se transformasse em grande depressão.
Mas, o que se passou, foi uma autêntica socialização das perdas de muitas instituições financeiras, e se é verdade que a depressão foi evitada, a realidade é que o desemprego explodiu em muitos países e os défices e dividas publicas bateram recordes em algumas das maiores economias (como os Estados Unidos, o Japão ou Reino Unido) e das economias médias mais vulneráveis (Grécia, Irlanda, Portugal, Espanha).
E entretanto o que fez a Europa? Quando se começou a perceber que os países da periferia do Euro eram um alvo, houve alguma resposta rápida, eficaz e dissuasora? Não, o que se passou foi exactamente o contrário. A União Europeia deu corda à especulação, gerou autênticos ciclos viciosos de défice, recessão e desconfiança nos países ameaçados. Só muito tarde na União Europeia se começou a discutir como transformar o Fundo Europeu de Estabilidade Financeira num mecanismo preventivo e não num simples mecanismo de apoio concebido para intervir tardiamente, quando o destino económico e social de muitos países já estava traçado.
Fazem falta na Europa, nos grandes países do Euro, estadistas cuja visão nacional seja enformada pela perspectiva Europeia. Como disse recentemente Mário Soares “quando se fizer a história desta tão apagada fase politica da União Europeia perceberemos melhor as responsabilidades e a tacanhez de vistas dos respectivos protagonistas”.
Em suma, é verdade que as raízes da nossa crise são portuguesas, mas quem escamoteia o papel da crise internacional e da paralisia europeia no agravamento dos nossos problemas está a distorcer a realidade dos factos.
Em resumo, quem assim procede, falta à verdade. Mais por ódio político do que por desconhecimento do que se passou.
Amigas, Amigos, Camaradas,
Quando, embora com regras de jogo ainda míopes e insuficientes, estivemos a caminho de alcançar um patamar de maior estabilidade financeira, apoiados pela Comissão Europeia e pelo Banco Central Europeu, desencadeou-se a crise politica com a rejeição do PEC, a queda do Governo e a convocação de eleições antecipadas.
Como outros antigos Secretários Gerais do PS, apelei até ao fim para a negociação, para que se evitasse uma crise política no pior momento para o País.
A verdade é que só o Governo se mostrou disponível para o dialogo e não vi apelos de outros quadrantes políticos - senão muito tímidos e quase envergonhados.
Como é sabido, já em Agosto de 2009 defendi a existência de um governo de maioria parlamentar perante a gravidade da crise internacional que nos ameaçava.
Governos com maioria parlamentar de apoio são a situação normal nas democracias, mesmo quando as negociações são demoradas e difíceis.
Tal não foi possível e por isso a aventura e a irresponsabilidade podiam revelar-se em qualquer momento. E revelaram-se no pior momento possível para Portugal.
A irresponsabilidade política de nem sequer querer negociar, a ambição partidária de assalto ao poder, o aventureirismo sectário triunfaram e com isso sofreu o nosso País.
O que tinha que acontecer, aconteceu. Em pouco tempo, os mercados financeiros, estimulados pelas agências de notação, agindo como vampiros pró-ciclicos, atingiram duramente a capacidade de financiamento da República Portuguesa, das empresas públicas e do sistema financeiro.
Sei que em situação tão melindrosa, as decisões de há três dias do governo do PS de solicitar a assistência europeia foram decisões sofridas, determinadas pelo primado do interesse nacional. Não posso no entanto deixar de manifestar a minha estranheza por aqueles que derrubaram o Governo atacando o PEC, hoje comemorarem a negociação de um PEC mais gravoso, só para verem em tempo pré eleitoral o país nas mãos da ajuda internacional do FEEF e do FMI, situação que José Sócrates e o governo do PS tentavam evitar por imperativo patriótico
Amigas, Amigos, Camaradas
Infelizmente, os dias, meses e anos que aí vêm serão de dificuldades e sacrifícios. É fundamental não apenas que eles sejam distribuídos de forma socialmente justa como também que não ponham em causa as bases do nosso tardio mas importante modelo social. Mais importante que as dificuldades conjunturais dos serviços e de eventuais restrições nos valores das prestações sociais, é a sua própria existência, a defesa da sua permanência como base para desenvolvimentos sustentáveis futuros.
A responsabilidade social do Estado no combate à pobreza, na educação e formação dos jovens, no apoio aos idosos, no serviço nacional de saúde, é absolutamente fundamental. E muito disto vai estar em causa em 5 de Junho.
As portuguesas e os portugueses não podem permitir que as reivindicações históricas da direita portuguesa, sem coragem para as impor, quando teve frequentemente maiorias absolutas, sejam levadas à prática a coberto e em cumplicidade com exigências internacionais, que alguns não só aceitam como desejam.
Amigas, Amigos e Camaradas
Posso testemunhar a estupefacção com que a crise política portuguesa foi recebida à escala internacional.
Posso testemunhar o apreço com que em muitas capitais e Organizações Internacionais foi visto o esforço reformista do Governos nos últimos 5 anos.
Posso testemunhar o reconhecimento que existe pela coragem do Primeiro Ministro José Sócrates, tão frequentemente vilipendiado aqui.
Meu Caro José Sócrates,
Falo-te com a autoridade de quem te criticou em algumas das poucas intervenções públicas que fiz nestes últimos anos.
Por vezes achei que faltava humildade quando se pediam sacrifícios aos portugueses; que a crise internacional esteve demasiado ausente no teu discurso político em 2008 e 2009; que ao enfatizares o lado bom da nossa evolução, das exportações, da inovação - das energias renováveis, dos resultados mais próximos da média da OCDE dos nossos alunos - devias relembrar sempre o Portugal que sofre e se sacrifica: os desempregados, jovens e menos jovens, os que passam subitamente da classe média para a quase exclusão.
Estou de acordo contigo quando dizes que por vezes a falsa humildade é a pior das arrogâncias e que um Primeiro Ministro deve ser optimista e remar contra a maré.
As nossas posições não são pois contraditórias, são complementares.
Reconhecendo os teus esforços, a tua coragem e determinação, é sem hesitação que estou a teu lado, neste momento tão difícil e tão decisivo para Portugal.
Estou convencido de que a História te vai dar razão. Nas tuas preocupações reformistas pelo desenvolvimento do país.
A história mostrará que a razão não está nos corporativismos e populismos que querem capturar o Pais.
E a história começa em Junho.
Aqui no PS, nos momentos de dificuldade, respondemos sempre presente!
Hoje, mais do que nunca temos de afirmar as nossas posições. Portugal tem os olhos postos no nosso Congresso.
Depois das eleições, e de acordo com os resultados, mais uma vez deveremos manifestar a nossa disponibilidade para o diálogo, com sentido de Estado e pondo acima de tudo o interesse de Portugal.
Estou certo que assim será.
Mas agora é tempo de avançar com determinação e coragem para a vitória!
Viva o PS!
Viva Portugal!
Wednesday, April 06, 2011
"Decisão mais premente é reestruturar dívida externa"
O economista Ricardo Cabral, professor do Departamento de Economia e Gestão e do Centro de Competência em Ciências Sociais da Universidade da Madeira e doutorado em Economia pela Universidade da Carolina do Sul, Estados Unidos, insiste em que a reestruturação da dívida externa é a questão essencial na atual crise de risco de default que o país atravessa. Além do mais, esta opção deveria estar em carteira, face aos próprios resultados da aplicação dos programas de resgate na Grécia e na Irlanda.
Ainda hoje, o "Financial Times Deutschland" referia que "vários ministros das Finanças" europeus se começam a inclinar para a necessidade dessa opção no caso grego. Recorde-se que o Ecofin (conselho dos ministros das Finanças e da Economia da União Europeia) se reúne em Budapeste na próxima sexta-feira informalmente.
A última vez que Portugal procedeu a uma reestruturação da dívida foi em 1892, tendo o processo de negociação demorado dez anos.
Multiplicam-se as opiniões pedindo que o Governo português recorra a auxílio externo, desde a ideia de pedidos diretos ao Fundo Monetário Internacional (como teria sido alvitrado no Conselho de Estado), de "empréstimo intercalar" da Comissão Europeia (apesar de tal figura não existir por ora), de resgate puro e simples no estilo do realizado pela Irlanda, até mesmo empréstimo de emergência do BCE. Continua a achar que o caminho, no curto prazo, é o uso de outros instrumentos financeiros e não o recurso ao FEEF (Fundo Europeu de Estabilização Financeira)?
Embora nos encontremos atualmente numa situação bem mais dramática e premente, pelas razões conhecidas, é um erro recorrer à ajuda externa neste momento e espero que o governo tenha a força para perseverar neste momento difícil do país, apesar dos sucessivos obstáculos de agências de ratings e instituições europeias (BCE) que quase parecem concertados. Não pretendo aqui entrar na discussão politico-partidária em que esta questão económica infelizmente se tornou, mas é minha firme convicção que recorrer ao atual pacote de ajuda externa do FEEF/FMI é contra o interesse nacional.
Porque razão?
Por três razões: implica que o país deixa de ter a opção de reestruturar unilateralmente a sua dívida soberana e de definir o tempo, a forma e o montante dessa re-estruturação de dívida. Essa reestruturação de dívida é, na prática, inevitável; a taxa de juro exigida pelo FEEF/FMI é demasiado elevada e deve ser renegociada em baixa; ao aceitar essa ajuda perdemos muita da soberania sobre a política económica. O FMI, o BCE, e a Comissão Europeia não têm conhecimento suficientemente detalhado sobre as causas da crise nacional. O programa de resposta que desenharam é desajustado da realidade portuguesa e não irá resultar, à semelhança do que está a ocorrer, aliás, com a Grécia e com a Irlanda.
Em que sentido é desajustado?
As condições atuais da ajuda FEEF/FMI, determinadas em grau significativo pelos países credores, enfraquecem a posição negocial de Portugal face aos nossos parceiros europeus, alguns dos quais são simultaneamente os nossos principais credores. Ao aceitar essa "ajuda" prejudicam-se as negociações que irão ocorrer ao longo dos próximos meses e anos para definir os detalhes da reestruturação de dívida. A reestruturação de dívida externa nacional é a decisão económica mais premente e mais importante de uma geração. É do interesse nacional reestruturar a sua dívida externa. Na minha perspetiva, Portugal só será capaz de voltar a ter crescimento sustentável se optar, o mais rapidamente possível, por reestruturar a sua dívida de forma substancial, à imagem do que a Islândia fez e dos sinais que são dados pela nova liderança na Irlanda em relação à dívida do setor bancário. É porque não gostaria de ver o país a retroceder nas próximas décadas, que defendo essa tese.
Mas como pode Portugal atravessar este período pré-eleitoral com a enorme pressão sobre os juros que se faz sentir no mercado secundário da dívida?
No curto prazo o país deveria utilizar outros instrumentos financeiros que não a FEEF/FMI. Existem ainda algumas opções importantes a que se pode recorrer para responder às dificuldades de financiamento que o país enfrenta e cumprir com as obrigações financeiras nacionais no curto prazo. Essas opções não resolvem o problema do sobre-endividamento externo nacional no médio e longo prazos. Mas permitiriam ganhar algum tempo para definir a estratégia nacional de resposta à crise, negociar com os nossos parceiros europeus e com os credores e, posteriormente, implementar a legislação necessária.
No caso da Grécia tem-se referido cada vez mais insistentemente que o país terá de proceder a uma reestruturação da sua dívida. Os juros no mercado secundário da dívida grega continuam a bater recordes mundiais e as medidas de austeridade parecem não conseguir surtir os efeitos pretendidos. No final da linha, a reestruturação é inevitável?
Sim. A reestruturação é inevitável. As lideranças dos governos da França e da Alemanha sabem que a re-estruturação é inevitável. O Mecanismo de Estabilização Europeu (MEE, European Stabilization Mechanism), a aplicar a partir de meados de 2013, já contempla uma série de instrumentos que irão facilitar a reestruturação da dívida. Contudo, com o MEE, a re-estruturação da dívida será ditada por Berlim e Paris. Além disso, receio que seja demasiado pequena, prejudicando o futuro desenvolvimento do país, por limitar o capital de que necessita para se desenvolver. Com o FEEF/FMI e a MEE, os mais importantes ativos gregos irão passar para as mãos de não residentes. Alguns dos mais importantes grupos nacionais irão perder muito dos seus ativos, que passarão para grupos estrangeiros.
No caso da Irlanda, a situação do sistema financeiro continua a ser a maior dor de cabeça, apesar do risco de default ter diminuído nestes últimos dias (estando mesmo já abaixo do risco português). Paradoxalmente, o ex-tigre Celta vê-se obrigado a quase nacionalizar todo o setor bancário e a concentrá-lo via mão do Estado. Que lições poderemos tirar do que está a ocorrer na Irlanda?
Em relação ao sistema bancário deveríamos adotar uma metodologia similar à da Irlanda, embora evitando os erros cometidos pelo anterior Governo Irlandês - esses erros foram garantir toda a dívida do sistema bancário, comprar ativos tóxicos do sistema bancário e realizar aumentos de capital com dinheiros públicos. O lado positivo da resposta adotada por esse governo é que a Irlanda está a beneficiar de um subsídio elevado do Banco Central Europeu (BCE), através do financiamento que este faz ao sistema bancário irlandês. Este subsídio do sistema bancário e da economia Irlandesa é equivalente a cerca de 6% do PIB português por ano (uma percentagem maior em relação ao PIB irlandês), se assumirmos taxas de juro médias para novo financiamento de 7% ao ano. A Grécia beneficia de um subsídio um pouco menor (4,7% do PIB português, uma percentagem menor em relação ao PIB da Grécia). Comparativamente, o subsídio que o sistema bancário português - e em resultado a economia portuguesa - recebe do BCE através do sistema financeiro é somente de 1,4% do PIB.
O que concretamente sugeriu quando referiu, recentemente, que Portugal tem de criar uma lei de resolução bancária como o fez a Inglaterra?
O país deve criar com urgência uma lei de resolução bancária (ou saneamento bancário), em colaboração com os nossos parceiros europeus. Uma lei de resolução bancária é um processo de saneamento e falência controlada de bancos que reconhece o papel fundamental desempenhado pelos bancos numa economia e as características específicas de um banco. Com uma lei de resolução bancária é possível assegurar o normal funcionamento dos bancos mesmo em situação de crise bancária. Essa lei é fundamental para permitir que os bancos continuem a desempenhar a sua função crucial na economia, que é a de canalizar poupança para investimento, concedendo crédito. O sistema bancário nacional está com problemas graves devido à sua enorme dependência do exterior. O endividamento externo líquido do sistema bancário no final de 2009 era de cerca de 50% do PIB. Sem essa lei, mesmo empresas exportadoras com lucros e competitivas internacionalmente, enfrentarão restrições de financiamento agravando a já de si difícil situação económica do país. É provável que vários bancos nacionais tenham de ser sujeitos a essa lei de resolução bancária e - arrisco - eventualmente nacionalizados.
A reestruturação da dívida soberana portuguesa é também inevitável? Como pode isso ser feito, conhecida que é a oposição de quem manda realmente na zona euro, que pretende impor os mecanismos financeiros do FEEF?
Argumentei em entrevistas anteriores que a reestruturação da dívida portuguesa é, na prática, inevitável - inevitável é uma palavra forte dado que existe eventualmente uma pequena probabilidade de outra solução no âmbito da União Europeia. Pelas propostas que têm sido apresentadas pelos mais altos representantes do governo da Alemanha, parece-me que o governo alemão tem uma estratégia definida para responder à crise de dívida soberana. O governo francês também aparenta ter uma estratégia bem preparada. Dadas as intervenções da Chanceler Alemã Angela Merkel e do Ministro das Finanças Wolfgang Schäuble, parece-me claro que irá ocorrer uma reestruturação de dívida a partir de 2013. Só que nos moldes definidos por Berlim e Paris, como já referi.
E esses "moldes" terão, em muito, o dedo, o estilo alemão?
Tem de se compreender que a estratégia típica de resposta a crises na Alemanha é a de procurar penalizar quem errou e de salvaguardar o interesse público. Por exemplo, o governo alemão exige uma taxa de juro de 9% em parte de um pacote de ajuda de cerca de €18,2 mil milhões que concedeu ao banco privado alemão Commerzbank. Se o governo alemão exige taxas destas a empresas alemãs, é provável que haja quem possa pensar que a taxa de juro exigida pelo EFSF/FMI aos países periféricos é razoável.
Monday, March 21, 2011
Declaraçao de Eduardo Ferro Rodrigues
As instituições internacionais, da União Europeia ao FMI, passando pela OCDE, acompanham com grande atenção o que se está a passar em Portugal.
Neste momento, o mais importante não é apurar as responsabilidades por termos chegado a esta situação politica. Neste momento, o mais importante é ultrapassarmos as actuais dificuldades, tendo em conta, acima de tudo o interesse nacional. O interesse de mantermos as bases de autonomia nacional e possibilidades de construirmos um país com justiça social nas melhores e nas piores conjunturas.
Este é o pior momento para que no nosso país se abra uma crise politica, levando a que só daqui a cerca de três meses haja um parlamento e um governo com todos os poderes constitucionais.
É fundamental que todos os protagonistas politicos distingam o essencial do acessório e coloquem, acima de todos os interesses, os interesses de Portugal e dos Portugueses.
A vontade politica de todos é essencial. Ainda há tempo para evitar uma crise politica desastrosa, em vésperas de uma Cimeira Europeia determinante para o nosso futuro a médio prazo, a um mês da necessidade imperiosa de obtermos financiamentos fundamentais para a normal actividade do Estado, dos portugueses, da economia, das empresas, das instituiçoes financeiras. A actualização do Programa de estabilidade e Crescimento (PEC) deve ser elaborada até finais de Abril, com iniciativa do Governo, não oposição do Parlamento, e garantia de apoio da Comissão Europeia e do Banco Central Europeu.
Portugal tem que ter uma presença digna e activa na próxima Cimeira Europeia. Para beneficio do nosso País e do projecto europeu, tem que ser defendida a capacidade de financiamento do Estado e da Economia em condiçoes minimamente aceitáveis para o médio prazo.
Não faz sentido pensar que não há tempo. O tempo para as decisões e consenso deve ser determinado pela vontade política de defender o interesse nacional.
Espero que os responsaveis do Estado Portugues, Presidente da República, Assempleia da República, Governo, travem o caminho para um beco sem saída e respondam positivamente a este desafio, porque esta semana é muito importante para a vida futura de Portugal e dos portugueses.
Declaraçao de Eduardo Ferro Rodrigues, ex Secretário-geral do PS e actual embaixador na OCDE
21 de Março 2011
Neste momento, o mais importante não é apurar as responsabilidades por termos chegado a esta situação politica. Neste momento, o mais importante é ultrapassarmos as actuais dificuldades, tendo em conta, acima de tudo o interesse nacional. O interesse de mantermos as bases de autonomia nacional e possibilidades de construirmos um país com justiça social nas melhores e nas piores conjunturas.
Este é o pior momento para que no nosso país se abra uma crise politica, levando a que só daqui a cerca de três meses haja um parlamento e um governo com todos os poderes constitucionais.
É fundamental que todos os protagonistas politicos distingam o essencial do acessório e coloquem, acima de todos os interesses, os interesses de Portugal e dos Portugueses.
A vontade politica de todos é essencial. Ainda há tempo para evitar uma crise politica desastrosa, em vésperas de uma Cimeira Europeia determinante para o nosso futuro a médio prazo, a um mês da necessidade imperiosa de obtermos financiamentos fundamentais para a normal actividade do Estado, dos portugueses, da economia, das empresas, das instituiçoes financeiras. A actualização do Programa de estabilidade e Crescimento (PEC) deve ser elaborada até finais de Abril, com iniciativa do Governo, não oposição do Parlamento, e garantia de apoio da Comissão Europeia e do Banco Central Europeu.
Portugal tem que ter uma presença digna e activa na próxima Cimeira Europeia. Para beneficio do nosso País e do projecto europeu, tem que ser defendida a capacidade de financiamento do Estado e da Economia em condiçoes minimamente aceitáveis para o médio prazo.
Não faz sentido pensar que não há tempo. O tempo para as decisões e consenso deve ser determinado pela vontade política de defender o interesse nacional.
Espero que os responsaveis do Estado Portugues, Presidente da República, Assempleia da República, Governo, travem o caminho para um beco sem saída e respondam positivamente a este desafio, porque esta semana é muito importante para a vida futura de Portugal e dos portugueses.
Declaraçao de Eduardo Ferro Rodrigues, ex Secretário-geral do PS e actual embaixador na OCDE
21 de Março 2011
Tuesday, January 18, 2011
Wednesday, January 05, 2011
ECONOMIA SOCIAL
Venho hoje informar-vos da abertura (até 24 de Janeiro de 2011) de um concurso para frequência de uma Pós-Graduação em “Economia Social – Cooperativismo, Mutualismo e Solidariedade”, promovida pelo Centro de Estudos Cooperativos e da Economia Social da FEUC (CECES/FEUC), do qual sou Coordenador, a qual conta com o patrocínio exclusivo do Montepio. Para além do texto que se segue, basta clicar no ícone que se encontra do vosso lado direito, para obterem mais informações.
1. Foi criado na Universidade de Coimbra, por intermédio da sua Faculdade de Economia, um curso que confere um Diploma de Pós-Graduação em “Economia Social – Cooperativismo, Mutualismo e Solidariedade”. No ano lectivo passado, teve lugar a sua primeira edição, este ano vai decorrer a segunda. Esta iniciativa é da responsabilidade do Centro de Estudos Cooperativos e da Economia Social da FEUC (CECES/FEUC), contando com o patrocínio exclusivo do Montepio.
O CECES/FEUC existe desde 1981, ocupando-se do cooperativismo desde a sua fundação, tendo mais tarde estendido o âmbito do seu interesse a toda a economia social. Conta com uma equipa multidisciplinar de professores e investigadores, oriundos de áreas diversas, tais como, a Economia, a Gestão, o Direito, a Sociologia e a Psicologia. Organizou já vários Cursos Livres e Colóquios com incidência na temática da referida Pós-Graduação.
2. O objectivo desta Pós-Graduação é o estudo da economia social nas suas várias vertentes, com destaque para as cooperativas, mutualidades e instituições particulares de solidariedade social, no seu todo. Mas a economia social não será apenas estudada, em si própria, mas olhada também no quadro de problemáticas, onde assume uma especial relevância.
Destina-se, fundamentalmente, a titulares de uma licenciatura, mas será possível a admissão de candidatos que, não preenchendo esse requisito, tenham uma experiência profissional muito relevante, em qualquer organização da economia social; para isso 20% das vagas serão prioritariamente destinadas a esse tipo de candidatos. Pela sua conclusão com aprovação, será atribuído um Diploma de Pós-Graduação em “Economia Social – cooperativismo, mutualismo e solidariedade”, pela Universidade de Coimbra.
3. A duração total da Pós-Graduação excede as 80 horas, distribuídas ao longo de um trimestre e correspondendo a 20 ECTS. Terá lugar no decorrer dos meses de Março, Abril, Maio e Junho de 2011, com aulas às sextas-feiras de tarde e aos sábados de manhã.
O curso compreende oito módulos temáticos, para além de seis conferências sobre temas de economia social, proferidas por especialistas, nacionais e estrangeiros e de um conjunto de testemunhos de experiências vividas, prestados por alguns protagonistas de organizações da economia social. São os seguintes os referidos módulos temáticos, pelos quais são responsáveis os professores da FEUC e membros do CECES abaixo indicados:
- Introdução à economia social – cooperativismo, mutualismo e solidariedade, Prof. Doutor Rui Namorado [8 h].
- Empreendedorismo social, políticas e mudança social, Dr.ª Sílvia Ferreira [8h].
- Fundamentos da gestão das organizações da economia social, Profª. Doutora Teresa Carla Oliveira [8 h]
- Empresas e sociedade: da ética à responsabilidade social, Prof. Doutor Filipe Almeida [8 h]
- Sistemas de normalização contabilística para entidades sem fins lucrativos, Profª. Doutora Ana Maria Rodrigues [8 h]
- Direito cooperativo e da economia social, Prof. Doutor Rui Namorado [8 h]
- Gestão da qualidade nas organizações da economia social, Prof.ª Doutora Patrícia Moura e Sá [8h]
- O desenvolvimento local como estratégia, Dr. Bernardo Campos [8 h]
4. Se, por razões de força maior, alguma das iniciativas previstas não se puder realizar, será substituída por outra de importância idêntica, à luz dos objectivos desta Pós-Graduação. Se for necessário proceder a modificações pontuais do calendário lectivo, nenhuma delas poderá implicar o prolongamento da parte de contacto presencial do curso, para além do dia 18 de Junho de 2011.
5. Agradecemos a divulgação da existência desta Pós-Graduação, junto de possíveis interessados.
Ela tem como “numerus clausus” 25 vagas, as quais podem ser preenchidas até 20% por candidatos indicados por entidades com as quais se tenha estabelecido previamente um convénio nesse sentido.
As candidaturas serão feitas online, entre 6 de Dezembro de 2010 e 24 de Janeiro de 2011, no endereço: https://inforestudante.uc.pt/nonio/security/candidaturas.do. Poderá encontrar instruções de candidatura na página Web da Pós-Graduação, em https://woc.uc.pt/feuc/course/infocurso.do?idcurso=409&studiesPlanMain=false
As propinas e emolumentos compreendem: 1) uma taxa de candidatura de 50 Euros; 2) propinas no montante de 300 Euros (que poderão ser pagas de uma só vez, até ao final de Março de 2011, ou por duas vezes, até ao final de Março e até ao final de Maio, em prestações de igual valor); 3) taxa de inscrição de 20 Euros (a pagar até ao final de Março). Os candidatos que forem admitidos serão avisados para formalizarem a matrícula até uma data a fixar.
Sunday, December 19, 2010
CAMUS, A POLTRONA E A HISTÓRIA - Ou três razões para ler Camus
Maria Luísa MALATO BORRALHO
Professora e ensaísta 1
1 Membro do Projecto U&D “Utopias literárias e pensamento utópico: a cultura portuguesa e a tradição intelectual do Ocidente – II”, financiado pela FCT e sedeado no Instituto de Literatura Comparada Margarida Losa, Faculdade de Letras da Universidade do Porto (POCTI/ELT/46201/2002).
2 Cf. “Il va falloir choisir, dans un avenir plus au moins proche, entre le suicide colectif ou l’utilisation intelligente des conquêtes scientifiques.” (“Combat”, 8 août 1945, in Camus, 1981: 291).
3 Cf. Ginestier, 1979: 65.
BIBLIOGRAFIA
Professora e ensaísta 1
1944. Ouviam-se ainda os tiros dos combates nas ruas de Paris. A libertação da cidade fazia-se casa a casa, bairro a bairro. É preciso tomar a Comédie Française. Talvez Sartre. Mas ninguém sabe onde está. Será Albert Camus que o vai encontrar adormecido, numa sala de espectáculos vazia. Comenta com uma gargalhada: “Tu as mis ton fauteuil dans le sens de l’histoire!”
1952. Há alguns meses tinha sido publicado L’Homme Révolté. Ainda que contasse com a reacção crítica de Sartre e dos seus apóstolos, Camus não esperava a virulência do artigo que Sartre encomendara a Francis Jeanson, publicada em Les Temps Modernes. Pensa responder a Jeanson, mas acaba por escrever ao autor da encomenda: insurge-se no final contra a censura brutal daqueles que “n’ont jamais placé que leur fauteuil dans le sens de l’histoire”.
Há poucas coisas que ofendam mais que a traição de uma gargalhada dada em uníssono. Quando se tinham encontrado em 1943, durante a guerra e na estreia de Les Mouches, cada um apreciava a obra do outro. Em 1938-1939, Camus tinha manifestado admiração pelas obras de Sartre, La Nausée e Le Mur. E Sartre seria desde logo sensível ao inusitado estilo de Camus em L’Etranger, publicado em 1942. Toda a amizade sincera é paritária, mas Sartre sempre acreditou demasiado na sua superioridade e Camus sistematicamente duvidava de qualquer uma que pudesse ter. Frequentariam os mesmos círculos, as mesmas esplanadas, mas brincavam sobre a confusão que os mesmos rótulos lhes causavam: a Camus desagradava sobretudo o de existencialista, se por isso se entendesse a filosofia de Sartre:
“Sartre et moi nous nous étonnons toujours de voir nos deux noms associés. Nous pensons même publier un jour une petite annonce où les soussignés affirmeront n’avoir rien en commun et se refuseront à répondre des dettes qu’ils pourraient contracter respectivement.” (Camus, 1981: 1424)
Depois de 1952, acentuar-se-ão velhas e novas rupturas. Camus não gosta daquela razão concreta, de uma natureza que se descreve abstracta. Não partilha a ideia dos outros como inferno. Suspeita que o Existencialismo alimenta um niilismo que desresponsabiliza o indivíduo e o entrega inteiro ao fatalismo da História. Depois da ruptura, Sartre reservará a Camus (com alguma maldade) a admiração estilística, e a incompetência filosófica: talvez porque Camus gostava que o seu estilo se não notasse e apreciava especialmente a força dos argumentos óbvios. E ainda quando comenta a morte de Camus, Sartre lhe louva ambiguamente o “Humanismo teimoso, estreito e puro”. Sartre cultivava o seu estatuto de “condutor das massas”. E Camus parecia ter o condão de defender causas perdidas. Já em 1945, no meio da euforia da vitória dos aliados, quase só Camus tinha lamentado o lançamento da bomba atómica sobre Hiroshima:
“On nous apprend, en effet, au milieu d’une foule de commentaires enthousiastes, que n’importe quelle ville d’importance moyenne peut être totalement rasée par une bombe de la grosseur d’un ballon de football. Des journaux américains, anglais et français se répandent en dissertations élégantes sur l’avenir, le passé, les inventeurs, le coût, la vocation pacifique, et les effets guerriers, les conséquences politiques et même le caractère indépendant de la bombe atomique. Nous nous résumons en une phrase: la civilisation mécanique vient de parvenir à son dernier degré de sauvagerie.” (Camus, 1981: 291) 2
Comme il était agaçant, “le chieur”… O que acaba por dividir Sartre e Camus é, afinal, aquela poltrona da Comédie Française, virada para o sentido da História, aquela em que Sartre adormeceu, embalado pelo ritmo fácil de dizer o que os outros queriam ouvir. O dogmatismo bipolar, que sempre seduz as almas simplistas e preguiçosas, fará o resto. Camus era incompreensível com a mania das “nuances”, as ideias de “révolutions relatives”, “utopies modestes”, “efforts relatifs”. Não se entendiam aquelas críticas inoportunas aos campos de concentração russos para dissidentes políticos, os seus discursos contra a repressão dos movimentos operários em Berlim-Leste, a disponibilidade com que queimava a sua imagem juntando-se ao protesto dos pobres escritores húngaros depois da invasão de um país distante, aquela “moral de Cruz Vermelha” (segundo acusação de Francis Jeanson), que fazia Camus defender colaboracionistas e colonos brancos ou trotskistas e árabes nacionalistas, a ingenuidade da trégua para a população civil argelina ou a infantilidade da sua solução federativa, que uniria colonos e árabes sob uma mesma bandeira. Até a “Castor” o ataca, em defesa do seu amor canino: ah, La Force des Choses!
Quase tudo Camus defendeu em vão na sua época, até porque “la vérité en histoire s’identifie au succès”, o sucesso imediato, ainda que transitório (Actuelles I): “Mas em política adiar não é ganhar?” (Mathias, 2010: 34). Hoje parece óbvio que Sartre mentiu “objectivamente”, ainda quando Camus afirmava “subjectivamente” a verdade. Hoje parece óbvio o que na época não se queria ver. Basta por vezes que as almas sejam menos preguiçosas para que o mundo seja menos doloroso. E por isso escrevemos este texto para imaginar Camus, na década de 50, do século XX, prometaicamente sozinho. “Cible de toutes les flèches” (Giraud, 2010: 105). É preciso imaginá-lo assim, “solidário e solitário”, para tomarmos consciência do nosso comodismo, em muitos sentidos, a origem do absurdo que ajudamos quotidianamente a construir, como se a nossa vida não tivesse nada a ver connosco e muito menos nos importasse a vida dos outros ou as consequências que em todas elas tem a nossa profunda e indelével indiferença: “Ça m’est égal”, repetia sistematicamente Meursault.
Ao contrário dos outros, contrariando-os, Albert Camus importa-se. E esta é talvez a primeira razão porque o devemos ler. Ou porque o leio. A admiração veio inesperadamente, ao ler La Chute, aos vinte anos, e encontrei um juiz-penitente em “Mexico City”. Lá dentro, Clamence confundia a acusação e a defesa das suas cobardias, e eu confundia-as com as minhas. É noite. Ouve-se o impacto de um corpo que cai à água, um grito que desce o rio. Silêncio.
“Je voulus courir et je ne bougeai pas. Je tremblais, je crois, de froid et de saisissement. Je me disais qu’il fallait faire vite et je sentais une faiblesse irrésistible envahir mon corps. J’ai oublié ce que j’ai pensé alors. ‘Trop tard, trop loin…’ ou quelque chose de ce genre: j’écoutais toujours immobile.” (Camus, 1981b: 1511)
Paul Ginestier (de quem eu era então aluna, na Faculdade de Letras da Universidade de Coimbra) chamou-nos a atenção para o momento em que Clamence piscava o olho a Sartre:
“Surtout je m’obligeais régulièrement à visiter les cafés spécialisés où se réunissaient nos humanistes professionnels.” (Camus, 1981b: 1521) 3
O humanismo de Camus, persistente, grandioso e cheio de nuances, permite ainda hoje ver mais longe do que a poltrona de Sartre, baixa e acomodada ao sentido da história, feita à medida da nossa vontade de adormecer. A longo prazo (por vezes tão longo), há coisas mais importantes do que vencer: uma certa forma de resistência e persistência, a mesmíssima honestidade das amendoeiras argelinas que, da noite para o dia, se cobrem de flores nas margens do deserto e do Inverno.
“Ne pas céder, tout est là. Ne pas consentir, ne pas trahir. Toute ma violence m’y aide et le point où elle me porte mon amour m’y rejoint et, avec lui, la furieuse passion de vivre qui fait le sens de mes journées.” (Camus, 1962: 76)
Camus sempre se preocupou muito (nos outros, mas desde logo em si) com a honestidade intelectual, a honestidade estética, a honestidade profissional. Em suma, com a honestidade moral, cúmulo de todas as outras. Porque a honestidade não é mais do que esta leitura do sentido literal da palavra. “Honesta” era a planta cuja força do caule lhe permitia crescer direita, a que não se acomodava à força das outras, nem vivia enrolada no poder alheio, confundindo-se com ele. Voltamos à questão da poltrona virada para o sentido da história. Mas ainda, através dela, a outras duas razões para ler Camus.
Segunda razão: Albert Camus acorda-nos para a vitalidade do real. No limite, a amendoeira não precisa de razões metafísicas para florir e dar fruto. Nem espera que a Primavera surja para florir: antecipa-se, tal é a força do seu tronco.
“Je m’émerveillais de voir ensuite cette neige fragile résister à toutes les pluies et au vent de la mer. Chaque année, pourtant, elle persistait, juste ce qu’il fallait pour préparer le fruit.” (Camus, 1981: 836)
Assim devia ser o homem que, à sua imagem, em estado são e pela “força do seu carácter”, naturalmente criaria beleza e multiplicaria os bons frutos. Ou o escritor que, para ser do seu tempo, não pode ficar reduzido ao seu tempo, mas há-de romper o presente e projectar-se no futuro.
“Notre tâche d’homme est de trouver les quelques formules qui apaiseront l’angoisse infinie des âmes libres. Nous avons à recoudre ce qui est déchiré, à rendre la justice imaginable dans un monde si évidemment injuste, le bonheur significatif pour des peuples empoisonnés par le malheur du siècle.” (Ibid: 835-836)
Camus dizia não ter nunca conseguido resistir à luz, à felicidade de existir, à vida livre em que tinha crescido. Marcello Duarte Mathias, numa época em que o desejo de felicidade era inconfessável, escreveu um magnífico livro sobre A Felicidade em Albert Camus (Mathias, 1978: passim). Se a tal formos sensíveis, o melhor será começar por retirar da prateleira Les Noces, o primeiro livro em que Camus se liberta de uma estética da abstracção para consolidar uma estética da sensação. Aos adjectivos prefere os substantivos, menospreza os advérbios se para eles encontrar um verbo. Pol Guillard repara que desaparece a expressão “comme si”, demasiado frequente na primeira versão de L’Envers et l’Endroit (Guillard, 1973: 52). Em Les Noces, a linguagem “concreta” é um desejo de nudez, que alguns aproximam da sua sensualidade, mas que é muito mais a proximidade táctil com a vida. Le Premier Homme, o seu último livro, deixado incompleto, parece-nos ser aquele que melhor retoma esta estética da sensação. Mas entre os dois livros, nunca a lição será esquecida. No mesmo sentido em que Sophia de Mello Breyner escreve o ensaio sobre O Nu na Antiguidade, também Camus vai descrevendo as núpcias, o compromisso sacralizado, do indivíduo com a natureza que o rodeia: o paraíso são os outros, o que está para além de nós e nos dá a sensação de estarmos vivos, essa ternura de uma mão que toca na nossa:
“Je décris et je dis: ‘Voici qui est rouge, qui est bleu, qui est vert. Ceci est la mer, la montagne, les fleurs’ […] Aux mystères d’Eleusis, il suffisait de contempler. Ici même, je sais que jamais je ne m’approcherai assez du monde. Il me faut être nu et puis plonger dans la mer, encore tout parfumé des essences de la terre, laver celles-ci dans celles-là, et nouer sur ma peau l’étreinte pour laquelle soupirent lèvres à lèvres depuis si longtemps la terre et la mer.” (Camus, 1981: 57)
Grande parte da alma religiosa de Camus está aqui, paradoxalmente, no reiterado ateísmo, nesta ausência de Deus a quem queira pedir prémios: a glória, os favores ou a imortalidade. Um verso de Píndaro serve de epígrafe a Le Mythe de Sysiphe: “Ô mon ame, […] épuise le champ du possible”. Segundo Camus, para toda a utopia basta o que existe, para tudo tem de bastar, para tudo deve bastar. Estranha e belíssima oração a Santa Bárbara de Orão:
“Vous qui êtes comme un quai où l’on fume une cigarette en rêvant, en attendant un coup de sifflet qui vous relancera vers les paysages de la terre, vous savez que je ne suis pas souvent religieux. Mais s’il m’arrive de l’être, vous savez que je n’ai pas besoin de Dieu et que je ne puis l’être qu’au moment où je veux jouer à l’être, parce qu’un train va partir et que ma prière sera sans lendemain.” (Camus, 2006: II, 57).
Religiosos, nós? Toujours ou souvent? Quantas vezes na vida, quantas vezes por dia? Até para Meursault conhecer a eternidade bastará a clarividência de um instante.
Terceira razão: a liberdade dos caminhos a percorrer. Abro um livro do liceu: L’Etranger, em edição de bolso. Na altura, pouco me disse filosoficamente. Mas, saída dos romances de Herculano, Eça e Camilo, surpreendeu-me a secura das frases. Ou talvez essa secura fosse a das estacas que julgamos mortas e depois ganham raízes e folhas e frutos. “Aujourd’hui maman est morte”. Porquê a ternura de “maman”? Experimentava variantes do mesmo ritmo: “Aujourd’hui ma mère est morte”: mais seco ainda. Haveria uma literatura sem estilo? Mais parecia que a ausência de estilo era ainda uma ambiguidade do estilo. Procurei realçá-lo quando, em 1984, publiquei um livro sobre Camus: o que ao longo da vida fui admirando nele prendia-se quase sempre com essa inteireza, no estilo como no carácter de Albert Camus (Borralho, 1984: passim). Pierre-Louis Rey sintetizou o que era uma crítica comum: “Simplicité de L’Etranger, virtuosité de La Chute, lyrisme du Premier Homme, on lit chaque fois un nouveau Camus” (Rey, 2010: 19). E viu nela uma intenção, já expressa em Carnets, em 1943:
“En fait il [le roman] exige le style le plus difficile, celui qui se soumet tout entier à l’objet. On peut ainsi imaginer un auteur écrivant chacun de ses romans dans un style different.” (Camus, apud Rey, 2010: 19)
A plasticidade estilística de Camus equivale às nuances do pensamento preciso, àquela plasticidade ideológica que tanto impacientava Sartre.
Em tudo se deve ponderar o “ajuste do fundo à forma”, velha máxima horaciana. Nos dois espaços privilegiados por Camus, o Deserto e o Mar, as rotas são sempre caminhos provisórios e tanto o berbere como o marinheiro os vai sulcando com liberdade, mas atendendo à duna e à onda, procurando uma oscilante “justa medida”, um fugitivo “fio da navalha”. Voltamos à poltrona estática, disposta no sentido da História. Mas qual é o sentido da História? Como pensar que ela é uma via de sentido único e veredas estreitas?
“Créer, c’est ainsi donner une forme à son destin.”, dirá Camus em Le Mythe de Sysiphe. Melhor se diria que a História é Deserto e tem dunas. Que é Mar e tem ondas. Mas para onde viraremos a poltrona?
1 Membro do Projecto U&D “Utopias literárias e pensamento utópico: a cultura portuguesa e a tradição intelectual do Ocidente – II”, financiado pela FCT e sedeado no Instituto de Literatura Comparada Margarida Losa, Faculdade de Letras da Universidade do Porto (POCTI/ELT/46201/2002).
2 Cf. “Il va falloir choisir, dans un avenir plus au moins proche, entre le suicide colectif ou l’utilisation intelligente des conquêtes scientifiques.” (“Combat”, 8 août 1945, in Camus, 1981: 291).
3 Cf. Ginestier, 1979: 65.
BIBLIOGRAFIA
BORRALHO, Maria Luiza, 1984, Camus, Porto: Rés
CAMUS, Albert, 1962, Carnets, Paris: Gallimard
CAMUS, Albert, 1981, Essais, Paris: Pléiade/ NRF
CAMUS, Albert, 1981b, Théâtre, Récits, Nouvelles, Pléiade, Paris: Gallimard
CAMUS, Albert, 2006, Œuvres complètes, 4 vols., Pléiade, Paris: Gallimard
GINESTIER, Paul, 1979, Pour Connaître la Pensée de Camus, Paris: Bordas
GIRAUD, Henri-Christian, 2010, Politique de Camus, “Le Figaro. Albert Camus: l’Ecriture, la Révolte, la Nostalgie”, Hors-Série, Jan., p. 105.
GIULLARD, Pol, 1973, Camus, Paris: Bordas
MATHIAS, Marcello Duarte, 1978, A Felicidade em Albert Camus, Amadora: Bertrand
MATHIAS, Marcello Duarte, 2010, Os Dias e os Anos. Diário. 1970-1993, Lisboa : D. Quixote
REY, Pierre-Louis, 2010, “Lire Camus aujourd’hui”, Le Magazine Littéraire. Hors-Série, n.º 18, jan-fév., p. 19
Saturday, November 27, 2010
El difícil reto de competir en un mundo global
Productividad y competitividad, las claves para salir de la crisis
En 1963, un imberbe Bob Dylan lanzaba un aviso a quienes se resistían a la revolución que se avecinaba: "Mejor que empecéis a nadar u os hundiréis como una piedra". Un consejo que, para muchos, podría aplicarse la maltrecha economía española para salir del atolladero: como en aquella canción, los tiempos están cambiando. Numerosas instancias creen que la competitividad, un concepto tan relevante como difícil de delimitar ("escurridizo", como dijo el Nobel Paul Krugman) es, con la productividad, uno de los antídotos contra la crisis.
La competitividad podría traducirse como la capacidad de una economía para desenvolverse en el contexto global: vender el mejor producto al mejor precio. Por eso, depende de muchos factores: precios y costes, calidad de los bienes que produce... y productividad, o capacidad de maximizar la producción con los menores recursos posibles.
El problema de competitividad de España no es nuevo, pero la crisis global, el reventón inmobiliario, el acoso de los mercados y la competencia de los países emergentes lo ha hecho más evidente. Ya en 2004, un estudio de la Fundación La Caixa advertía de la "manifiesta" dificultad del país para mantener su competitividad. Sugería que había tocado techo como economía poco sofisticada, al basar su crecimiento en áreas de poco valor añadido (construcción y servicios). Y avisaba: una vez alcanzado ese nivel, "ya no se trata de imitar, sino de innovar".
Ambos conceptos, competitividad y productividad, son citados con profusión (78 y 16 veces, respectivamente) en el documento Transforma España, presentado este mes al rey Juan Carlos por la Fundación Everis y suscrito por 17 de los 37 líderes empresariales que ayer despacharon con el presidente José Luis Rodríguez Zapatero en la Moncloa. ¿Puede una reunión de tres horas y una foto salvar una situación como la actual? "Esto no se soluciona en cinco minutos ni en un año; lleva más tiempo y hay que apostar de manera mucho más seria. Ahora, lo importante es imprimir confianza", dice Manuel Balmaseda, economista jefe de la cementera Cemex. "La pregunta añade es cuáles van a ser las bases de crecimiento a futuro, y de eso tenemos que convencer al mundo: que no va a ser sobre la base de la construcción".
Ahí, la productividad y la competitividad "son claves". En su opinión, "la apuesta tiene que dirigirse al largo plazo, a la inversión en capital humano y físico (infraestructuras y educación), y a hacer nuestro mercado más eficiente". A corto plazo, aconseja implementar "de forma agresiva" la reforma laboral, reducir la burocracia y acometer la reforma de las pensiones, que, dice, "ya era algo pendiente" antes de la crisis. Alfonso Arellano, de Fedea, comparte gran parte del diagnóstico. Pide que, dado el "nulo" margen del Ejecutivo para impulsar el gasto, se mejore el clima de negocios: "Que se puedan crear empresas más fácilmente". Además, "no se trata de bajar impuestos o de despedir funcionarios, sino de hacerlos más productivos; y mejorar el sistema público de empleo, que compita con el privado".
En 2004, La Caixa ya lo advertía: "Ya no se trata de imitar sino de innovar"
Balbino Prieto, presidente del Club de Exportadores, cree que "para ser fuertes en el exterior, primero debemos serlo aquí". Y opina que "17 normativas [autonómicas] distintas impiden la aparición de empresas fuertes y desalientan al inversor extranjero".
El profesor de Economía de la Universidad de Málaga Alberto Montero, de orientación progresista, no comparte la idea de competir vía precios y salarios. Si China es el referente, "apaga y vámonos". Su receta es "la que nadie quiere: la de la protección". Parece una opción políticamente incorrecta, pero a su juicio, la famosa guerra de las divisas no es más que eso: "Es lo que hace China depreciando el yuan: fomentar sus exportaciones y proteger sus importaciones".
Sunday, October 10, 2010
Thursday, July 22, 2010
ECONOMIA SOCIAL: TENDÊNCIAS E DESAFIOS NO CONTEXTO PORTUGUÊS
As organizações da economia social, nos seus diversos sectores, envolvendo mulheres e homens que lhes dedicam o seu tempo e esforço, a mais das vezes voluntário, merecem mais do que a consideração de palavras de circunstância, que o Estado lhes reconheça o trabalho em prol do desenvolvimento das comunidades nas quais se inserem, honrando o próprio compromisso constitucional.
A economia social tem potencial para desafiar as dificuldades, encontrando respostas realistas aos desafios da crise que, como dizem os mais avisados, é mais do que uma crise do sistema económico e financeiro, é uma crise de consciência e de valores.
Neste sector, como nos outros, a arte da mudança está em sermos capazes de encontrar o que, em cada momento, ousemos criar de diferente que possa ser, em liberdade, compreendido e apropriado pelo maior número de cidadãos.
A economia social, em Portugal, dispõe de um peso significativo no emprego e na criação de riqueza, ainda não quantificados com rigor, mas que um estudo credível intitulado “O Sector não lucrativo português numa perspectiva comparada”, de autoria de uma equipa coordenada por Raquel Campos Franco, com dados de 2002, aponta como representando 4,2% do PIB.
Portugal é também um caso exemplar, ou pelo menos singular, no plano institucional: a Economia Social encontra consagração constitucional sob a designação de “sector cooperativo e social”, através dos artigos 80º e 82º da Constituição da República.
Este sector entrou, por outro lado, decisivamente na agenda europeia. Para que tal tenha ocorrido não é alheia a crise, da qual lentamente estamos a emergir, mas também o facto de representar 10% do conjunto das empresas europeias, 2 milhões de organizações, 6% do emprego total dispondo de um elevado potencial para gerar e manter empregos estáveis, contribuindo para um modelo económico sustentável em que as pessoas são mais importantes que o capital.
No caso de Portugal, a economia social enraíza numa tradição que vem de longe, em práticas de entreajuda e partilha de trabalho e de recursos entre os cidadãos, no exercício da liberdade de associação, na auto organização em prol do prosseguimento de objectivos económicos ou altruístas.
As instituições que ao longo do tempo têm corporizado, e sido protagonistas, deste movimento são conhecidas dos portugueses: cooperativas, misericórdias, mutualidades, instituições particulares de solidariedade social, associações de desenvolvimento local e regional, além de outras como as fundações, que nascem sob impulso da necessidades de enfrentar desafios nascidos nas comunidades aplicando as suas energias na satisfação das aspirações dos cidadãos a uma vida mais digna.
A economia social, designação consagrada pela UE, é um sector aberto no qual se discute o próprio conceito, sendo denominado, conforme as escolas de pensamento, os continentes, regiões e países como “economia social”,“economia solidária” ou “terceiro sector”, mantendo, no entanto, em comum um conjunto de princípios distintivos:
- Primado da pessoa e do objecto social sobre o capital;
- Adesão voluntária e livre;
- Controlo democrático pelos seus membros;
- Defesa dos princípios de solidariedade e responsabilidade;
- Autonomia de gestão e independência face aos interesses públicos;
- Afectação dos excedentes a objectivos como o desenvolvimento sustentável, melhoria dos serviços prestados aos próprios membros e ao interesse geral.
Nos diversos sectores de actividade em que situam a sua acção as organizações da economia social, debatem-se com os mesmos problemas que afectam a economia, exigem novas respostas para fazer face a novos desafios, mas, pela sua própria natureza, não ameaçam deslocalizar investimentos, abarcam com a sua acção todo o território nacional e beneficiam de proximidade com as aspirações e problemas dos cidadãos.
A economia social está em condições de aliar rentabilidade e solidariedade; contribuir para corrigir três grandes desequilíbrios no mercado de trabalho: o desemprego, a instabilidade de emprego e a exclusão social; reforçar a coesão social, económica e regional; gerar capital social; promover a cidadania activa e a solidariedade assente num modelo de economia com valores democráticos, que põe as pessoas em primeiro lugar, para além de apoiar o desenvolvimento sustentável, a inovação social, ambiental e tecnológica.
Foi para responder a este desafio que o governo decidiu fazer uma aposta na parceria com o sector da economia social consagrando essa politica no seu programa. Para dar um primeiro passo na concretização dessa política foi criada, recentemente, a Cooperativa António Sérgio para a Economia Social.
Qual o significado contemporâneo do projecto no qual a criação desta organização se integra?
1 – O Estado coloca a economia social, e as suas organizações, na agenda política correspondendo, aliás, a um desafio lançado pelas instituições europeias. A economia social, solidária, ou terceiro sector, como lhe quisermos chamar é chamada a desempenhar um papel central nas políticas públicas deixando de ser um sector, em regra, considerado como meramente complementar das funções desempenhadas pelos sectores privado e público;
2 – O Estado deixa de se assumir como Estado-tutela passando a assumir-se como Estado-parceiro o que representa uma mudança profunda no seu posicionamento face à sociedade civil e às suas organizações representativas. Trata-se, no caso desta Cooperativa, quer do ponto de vista do Estado quer do das organizações que a integram, da assumpção de um modelo de organização que ensaia a aplicação de um novo conceito no qual se fundem as tradições, interesses e concepções inerentes à esfera de acção do Estado e das organizações da sociedade civil.
Pode parecer um pequeno passo. Mas é uma inovação significativa em resposta ao fracasso da ideologia neo-liberal, correspondendo às tendências actuais que exigem que as organizações da economia social se reagrupem ultrapassando o território restrito das suas inscrições sectoriais, partilhando os seus objectivos com os poderes públicos em espaços comuns de reflexão, regulação e acção. São estes os caminhos que estamos a trilhar com a criação da Cooperativa António Sérgio que é ela própria um projecto ao serviço da modernização e desenvolvimento do sector.
Foi ontem aprovado pelo Governo o Conselho Nacional para a Economia Social.
Tuesday, June 29, 2010
A terceira depressão
Receio que estejamos nos estágios iniciais de uma terceira depressão. E o custo para a economia mundial será imenso
Recessões são comuns; depressões são raras. Pelo que sei, houve apenas duas eras qualificadas como "depressões" na ocasião: os anos de deflação e instabilidade que acompanharam o Pânico de 1873, e os anos de desemprego em massa, após a crise financeira de 1929-31.
Nem a Longa Depressão do século 19 nem a Grande Depressão, no século 20, registraram declínio contínuo. Pelo contrário, ambas tiveram períodos de crescimento. Mas esses períodos de melhora jamais foram suficientes para desfazer os danos provocados pela depressão inicial e foram seguidos de recaídas.
Receio que estejamos nos estágios iniciais de uma terceira depressão. Que provavelmente vai se assemelhar mais à Longa Depressão do que a uma Grande Depressão mais severa. Mas o custo - para a economia mundial e, sobretudo, para as milhões de pessoas arruinadas pela falta de emprego - será imenso.
E essa terceira depressão tem a ver, principalmente, com o fracasso político. Em todo o mundo - e, mais recentemente, no desanimador encontro do G-20 - os governos se mostram obcecados com a inflação quando a ameaça é a deflação, e insistem na necessidade de apertar o cinto, quando o problema de fato são os gastos inadequados.
Em 2008 e 2009, parecia que tínhamos aprendido com a história. Ao contrário dos seus predecessores, que elevavam as taxas de juro para enfrentar uma crise financeira, os atuais líderes do Federal Reserve e do Banco Central Europeu (BCE) cortaram os juros e partiram em apoio aos mercados de crédito.
Ao contrário dos governos do passado, que tentaram equilibrar os orçamentos para combater uma economia em declínio, os governos hoje deixam os déficits crescerem. E melhores políticas ajudaram o mundo a evitar o colapso total: podemos dizer que a recessão causada pela crise acabou no verão (no Hemisfério Norte) passado.
Mas os futuros historiadores vão nos dizer que esse não foi o fim da terceira depressão, da mesma maneira que a retomada econômica em 1933 não foi o fim da Grande Depressão. Afinal, o desemprego - especialmente a longo prazo - continua em níveis que seriam considerados catastróficos há alguns anos. E tanto Estados Unidos como Europa estão perto de cair na mesma armadilha deflacionária que atingiu o Japão.
Diante desse quadro, você poderia esperar que os legisladores entendessem que não fizeram o suficiente para promover a recuperação. Mas não. Nos últimos meses observamos o ressurgimento da ortodoxia do equilíbrio orçamentário e da moeda forte.
O ressurgimento dessas teses antiquadas é mais evidente na Europa. Mas, em termos práticos, os EUA não estão agindo muito melhor. O Fed parece consciente dos riscos de deflação - mas o que propõe fazer é: nada. O governo Obama entende os perigos de uma austeridade fiscal prematura - mas, como republicanos e democratas conservadores não aprovam uma ajuda adicional aos governos estaduais, essa austeridade se impõe de qualquer maneira, com os cortes nos orçamentos estaduais e municipais.
Por que essa virada da política? Os radicais com frequência referem-se às dificuldades da Grécia e outros países na periferia da Europa para justificar seus atos. E é verdade que os investidores atacaram os governos com déficits incontroláveis. Mas não há evidência de que uma austeridade a curto prazo, ante uma economia deprimida, vai tranquilizar os investidores.
Pelo contrário: a Grécia concordou com um plano de austeridade, mas viu seus riscos se ampliarem; a Irlanda estabeleceu cortes brutais dos gastos públicos e foi tratada pelos mercados como um país com risco maior que a Espanha, que até agora reluta em adotar medidas drásticas propugnadas pelos radicais.
É como se os mercados entendessem o que os legisladores não compreendem: que, embora a responsabilidade fiscal alongo prazo seja importante, cortar gastos no meio de uma depressão vai aprofundar essa depressão e abrir caminho para a deflação, o que é contraproducente.
Portanto, não acho que as coisas tenham a ver de fato com a Grécia, ou com qualquer visão realista sobre o que priorizar: déficits ou empregos. Em vez disso, trata-se da vitória de teses conservadoras que não se baseiam numa análise racional e cujo principal dogma é que, nos tempos difíceis, é preciso impor sofrimento a outras pessoas para mostrar liderança.
E quem pagará o preço pelo triunfo dessas teses ? A resposta: dezenas de milhões de desempregados, muitos deles sujeitos a ficar sem emprego por anos e outros que nunca mais voltarão a trabalhar.
THE NEW YORK TIMES
TRADUÇÃO DE TEREZINHA MARTINO
Monday, May 31, 2010
Solução para a crise: melhores vizinhos
Nos anos 40, o Mississípi descobriu que a solução para a crise passava pela comunidade. Hoje, essa lição ainda é útil
No fascinante "Bowling Alone", Robert Putnam conta a história de Tupelo, cidade perdida no Mississípi. No final da década de 30, Tupelo era o símbolo do pós-recessão: sem recursos naturais nem universidades, sem indústria nem auto-estradas. Em 1936, a cidade tinha sido varrida pelo quarto pior tornado da história, mas quando nada parecia funcionar entre as ruínas, George McClean - um sociólogo universitário - chegou a Tupelo com uma ideia. McClean achava que qualquer recuperação económica só seria possível se a cidade crescesse primeiro como comunidade. Começou pela base - comprou um touro cobridor para dar gás à indústria leiteira - e usou o dinheiro de todos para encontrar um modelo económico alternativo. Na nova Tupelo, todas as empresas que quisessem trabalhar na cidade eram obrigadas a pagar salário altos. E nesta nova cidade, onde a comunidade era a base do modelo económico, até a Câmara do Comércio deu lugar a um fundação, mais horizontal na distribuição dos recursos.
Hoje, George McClean não sobreviveria à concorrência num mundo globalizado, mas a ideia de que o capital social é essencial para o crescimento económico deixou escola. Robert Putnam preocupava-se porque os americanos jogavam cada vez menos bowling em família, num sinal de desagregação social com custos económicos evidentes. Robert Fukuyama acrescentaria que são as economias onde os cidadãos partilham altos níveis de confiança que vão dominar este século.
Exageros teóricos? Nem por isso. Nesta crise e face à evidente desagregação do Estado- -providência, criou-se a ideia de que a solução passa por centralizar a gestão, apostando numa reformulação do federalismo comunitário - menos Estado, mais controlo, mais Europa. E tudo porque esta crise colocou a cabeça dos porcos (PIIGS) no cepo. E que cepo: Guido Westerwelle, MNE germânico, dizia há uns dias que a UE deveria poder cortar imediatamente os fundos de coesão aos países que fujam ao défice. Arrepiante? Sem dúvida. Autoritário? Com certeza. Mais ainda porque cimenta a ideia de que Portugal e as regiões podem ser controladas como marionetas, com orçamentos previamente controlados e ameaças dos irmãos mais ricos. O que o Bruxelas não contempla - mas que o federalismo sempre debateu - é a necessidade (chamem-lhe subsidiariedade se quiserem) de devolver o poder às comunidades. O poeta britânico G.K. Chesterton costumava dizer que o problema do capitalismo não era haver capital a mais - mas existirem capitalistas a menos. A única forma de o conseguir sem corromper os incentivos do mercado, ou derivar para o exagero da extrema-esquerda, é devolver a prosperidade às economias locais. Durante anos, a concorrência de preços deu cabo dos negócios locais, até que, agora, somos todos reféns dos monopólios em grande escala. Este debate - pela comunidade - foi um dos temas que levou os liberais-democratas ao poder no Reino Unido. Lá, como no Mississípi, a pobreza do Estado foi vista como uma oportunidade para um novo género de empresas - companhias civis, locais e participadas, que sirvam de complemento ao mercado livre. Uma economia mutualista devolveria poder e responsabilidade, envolvendo os desavindos. As 150 mil pessoas que, no sábado, encheram as ruas de Lisboa não estão nem integradas, nem motivadas. Não fazem parte, na maioria dos casos, do modelo que promove o mérito e o crescimento, melhores remunerações e oportunidades de emprego. Para muitos desses desavindos, a solução passa por ter mais Estado. Mas a solução, a verdadeira solução, é ter mais - e melhores - vizinhos.
Miguel Pacheco, I
No fascinante "Bowling Alone", Robert Putnam conta a história de Tupelo, cidade perdida no Mississípi. No final da década de 30, Tupelo era o símbolo do pós-recessão: sem recursos naturais nem universidades, sem indústria nem auto-estradas. Em 1936, a cidade tinha sido varrida pelo quarto pior tornado da história, mas quando nada parecia funcionar entre as ruínas, George McClean - um sociólogo universitário - chegou a Tupelo com uma ideia. McClean achava que qualquer recuperação económica só seria possível se a cidade crescesse primeiro como comunidade. Começou pela base - comprou um touro cobridor para dar gás à indústria leiteira - e usou o dinheiro de todos para encontrar um modelo económico alternativo. Na nova Tupelo, todas as empresas que quisessem trabalhar na cidade eram obrigadas a pagar salário altos. E nesta nova cidade, onde a comunidade era a base do modelo económico, até a Câmara do Comércio deu lugar a um fundação, mais horizontal na distribuição dos recursos.
Hoje, George McClean não sobreviveria à concorrência num mundo globalizado, mas a ideia de que o capital social é essencial para o crescimento económico deixou escola. Robert Putnam preocupava-se porque os americanos jogavam cada vez menos bowling em família, num sinal de desagregação social com custos económicos evidentes. Robert Fukuyama acrescentaria que são as economias onde os cidadãos partilham altos níveis de confiança que vão dominar este século.
Exageros teóricos? Nem por isso. Nesta crise e face à evidente desagregação do Estado- -providência, criou-se a ideia de que a solução passa por centralizar a gestão, apostando numa reformulação do federalismo comunitário - menos Estado, mais controlo, mais Europa. E tudo porque esta crise colocou a cabeça dos porcos (PIIGS) no cepo. E que cepo: Guido Westerwelle, MNE germânico, dizia há uns dias que a UE deveria poder cortar imediatamente os fundos de coesão aos países que fujam ao défice. Arrepiante? Sem dúvida. Autoritário? Com certeza. Mais ainda porque cimenta a ideia de que Portugal e as regiões podem ser controladas como marionetas, com orçamentos previamente controlados e ameaças dos irmãos mais ricos. O que o Bruxelas não contempla - mas que o federalismo sempre debateu - é a necessidade (chamem-lhe subsidiariedade se quiserem) de devolver o poder às comunidades. O poeta britânico G.K. Chesterton costumava dizer que o problema do capitalismo não era haver capital a mais - mas existirem capitalistas a menos. A única forma de o conseguir sem corromper os incentivos do mercado, ou derivar para o exagero da extrema-esquerda, é devolver a prosperidade às economias locais. Durante anos, a concorrência de preços deu cabo dos negócios locais, até que, agora, somos todos reféns dos monopólios em grande escala. Este debate - pela comunidade - foi um dos temas que levou os liberais-democratas ao poder no Reino Unido. Lá, como no Mississípi, a pobreza do Estado foi vista como uma oportunidade para um novo género de empresas - companhias civis, locais e participadas, que sirvam de complemento ao mercado livre. Uma economia mutualista devolveria poder e responsabilidade, envolvendo os desavindos. As 150 mil pessoas que, no sábado, encheram as ruas de Lisboa não estão nem integradas, nem motivadas. Não fazem parte, na maioria dos casos, do modelo que promove o mérito e o crescimento, melhores remunerações e oportunidades de emprego. Para muitos desses desavindos, a solução passa por ter mais Estado. Mas a solução, a verdadeira solução, é ter mais - e melhores - vizinhos.
Miguel Pacheco, I
Friday, May 14, 2010
Thursday, March 25, 2010
Os Justos, de Albert Camus, depois do 11 de Setembro
Maria Luísa Malato (Faculdade de Letras da Universidade do Porto)
Há datas em que vemos morrer o mundo tal como o conhecíamos. Nem sempre nos damos conta dessa morte, embora ela tenha sido anunciada, ou lentamente se consciencialize o luto, nas fases clássicas do modelo de Kübler-Ross: negação, cólera, negociação, depressão e aceitação. Mudamos nós e muda o mundo: individual e colectivamente, perante a falência dos valores em que fomos educados e a emergência da nova ordem de paradigmas em que nos pedem para viver. Primeiro, assistimos incrédulos. Depois, criamos eixos do mal. Ponderamos o tipo de aliados. Constatamos os longos fracassos. Aceitamos finalmente “viver sem”, porque temos de viver com tudo o que entretanto aprendemos.
Só depois organizamos o tempo histórico segundo esses ritmos de aprendizagem. Antes e depois do 11 de Setembro. Antes e depois do Holocausto. Antes e depois da Revolução Soviética. Antes e depois da Revolução Francesa… Essa organização é o desejo de compreendermos a nossa sociedade, aqui e agora, e é ele que nos faz ir buscar autores de outras épocas e de outras mortes, sempre em distinto retorno. A “redescoberta” da obra de Albert Camus neste princípio de milénio talvez tenha também a ver com essa “nostalgia de nós” que nos faz rever leituras e procurar no passado lições para o presente. Camus sabe que a Guerra de 39-45 e o Holocausto assinalaram o fim da sua juventude: “todas as gerações, sem dúvida, se julgam fadadas para refazer o mundo. A minha sabe, no entanto, que não poderá refazê-lo. A sua tarefa é talvez maior. Consiste ela em impedir que se desfaça, partindo unicamente das suas negações” (Discursos da Suécia). A geração actual, que cresce entre a memória de cataclismos passados e o anúncio de cataclismos futuros, talvez compreenda melhor estas palavras do que “a geração” que existiu abstractamente entre elas: a que acreditava nos fins da História, marxistas ou demo-liberais, no desaparecimento das guerras frias depois da queda do muro de Berlim, ou no paradisíaco choque tecnológico de Tofler.
Surpreende-nos por isso um pouco que, neste contexto, a obra de Camus Os Justos (1949), traduzida por António Quadros, não tenha sido reeditada em Portugal. Mas é também significativo que a homenagem feita a Camus no CCB, a 10 de Janeiro deste ano, tenha incluído a projecção do filme Os Justos (2007), realizado a partir de uma encenação de Guy-Pierre Couleau. Os Justos, peça inspirada num facto histórico, é a “mise-en-scène” de uma “nova ordem”: uma célula terrorista, na Rússia czarista, prepara um atentado contra o Grão-Duque, a imagem do tirano, um obstáculo à Utopia de “uma terra de liberdade que acabará por libertar o mundo inteiro”. A intriga é progressivamente a consciência desse orgulho desmedido do libertador, que a natureza se encarregará de castigar: “Não pertencemos a este mundo: somos os justos. É-nos estranho um certo calor”. “Talvez seja essa a justiça do mundo”, concluirá uma das personagens. Escrita no pós-guerra, pressupõe as questões que derivam da consciência do cataclismo, mas também aquela última questão só possível depois de tudo aceitarmos como inevitável: até onde pode ir o nosso “viver sem”? Do que é que prescindimos (ou parecemos dispostos a prescindir) em nome da “nossa segurança”, da “estabilidade da nova ordem”? Porque todo o mecanismo de estabelecimento dessa nova ordem está imbuído de inevitabilidade e de eficácia. Percorre a futura nova ordem um não dissimulado mecanismo silogístico em que a premissa individual só demonstra o carácter absoluto da premissa geral.
Aceitemos. A aceitação é sempre uma forma de compreensão. Mas, ainda depois de aceitar, teremos de saber “como nos vamos comportar” perante a imperfeição do mundo? O âmago de O Homem Revoltado (1951) ou de A Queda (1956) está já em Os Justos (1949): “Decidimos não agir, mas isso equivale pelo menos a aceitar a eliminação do outro, na condição de lamentar harmoniosamente a imperfeição humana. Ou Imaginamos substituir a acção pelo diletantismo trágico, mas isso leva-nos a considerar a vida humana como uma vantagem lúdica. Podemos também propor o empreendimento de uma acção que não seja gratuita. Mas neste caso, não existindo qualquer valor superior que oriente a acção, tudo será decidido tendo em conta a eficácia imediata” (O Homem Revoltado). O mundo de Os Justos é, num primeiro plano, esta reflexão sobre a eficácia, numa sociedade de mestres e escravos, representada, no primeiro acto, pelo protagonismo de Stepan: “É preciso disciplina”, “Nada do que serve a causa pode ser desaconselhado”, “Sim, sou brutal (…), não estamos aqui para nos deslumbrarmos, mas para conseguirmos ter êxito”. O contraponto é feito entre Stepan e Kaliayev, denominado “o Poeta”: Kaliayev que se recusa a lançar a bomba para a carruagem do Grão-Duque quando o vê acompanhado por duas crianças. Kaliayev que se diverte quando toma identidades secretas, que inventa um toque de campainha para se fazer anunciar aos companheiros, que ama a vida, a beleza e a alegria mais ainda do que a justiça: “Amar-me-ias tu, ligeira e despreocupada?”, pergunta Dora. – “Morro do desejo de te dizer que sim”, responde Kaliayev. Edmond Burke, comentador dos excessos da Revolução Francesa, identificara já esse estranho sublime do homem em ruptura, um delicado equilíbrio entre o perigo e o deleite que o perigo proporciona: “as paixões que dizem respeito à conservação do indivíduo baseiam-se na consciência da dor e do perigo, ao passo que as que visam a criação têm a sua origem na alegria e no prazer” (The Philosophical Enquiry, I, 8). Os planos e os actos seguintes de Os Justos serão uma progressiva desmontagem da eficácia e dos seus limites. Os limites da eficácia são a fragilidade das crianças e a seriedade do seu olhar: “nunca aguentei esse olhar”. Os que libertamos e não querem ser libertados. Os que matamos e depois sabemos serem melhores do que os que salvamos. Os outros que depois da nossa morte social nos usarão para os seus interesses pessoais. A honra ou a delicadeza que se tornarão luxos de privilegiados. Até chegarmos a perder essa ternura extrema de viver ou morrer sem o orgulho da vitória, como reivindica Kaliayev: “o sol brilha, os rostos se inclinam docemente, o coração esquece a altivez, os braços abrem-se”. Camus tem em comum com Burke essa tensão ambivalente entre o perigo e a alegria: ambos compreendem essa vertigem irracional que leva “os justos” a desejar lançar a bomba, e os faz caminhar sem medo para a morte: aliás, “é tão mais fácil morrer pelas nossas contradições do que viver nelas”. Mas ambos recuam, como Kaliayev, perante os abusos em nome da justiça, da liberdade ou da fraternidade: “viste as crianças?”. Há em todo o sublime desconcerto do mundo uma ironia trágica que, a partir de uma certa desmesura, confunde as vítimas e os carrascos. Mary Wollstonecraft afirmava que Burke, se fosse francês, seria revolucionário, exactamente na medida em que, como inglês, era contra-revolucionário. Também simbolicamente o carrasco de Kaliayev será um companheiro de cela que, por o executar, verá descontado o tempo da pena.
Difícil é não verter sangue inocente quando se atinge o fio da navalha. Mas que desafio mais importante tem hoje a nossa época de eficácia?
[Publicado em As Artes entre as Letras, n.º 22, 24/3, Porto, 2010, p. 9]
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