Tuesday, October 18, 2005

Espanha - El inaplazable reto del "made in Spain"

Continuando a reflexão acerca da situação espanhola no âmbito da tecnologia, ciência e inovação, o "El País", de hoje, aprofunda o seu diagnóstico implacável.

"España es un 20% menos rica por la falta de inversión en I+D

El conjunto de las empresas privadas 'tira' de la investigación mucho menos que la media de los países de la Unión Europea


El salto adelante que propone el Gobierno sólo tendrá éxito si la empresa privada abandona su tibieza investigadora y acompaña a los poderes públicos en ese esfuerzo extraordinario. España precisa, desde luego, de una mayor y mejor financiación pública, pero, sobre todo, de una cultura empresarial de compromiso con la investigación aplicada.

El fútbol goza de mayor relevancia social en España que la ciência

La mayoría de los ejecutivos no ve en la Universidad un motor de desarrollo económico

La tibieza investigadora de la empresa privada obliga al sector público a cargar con el esfuerzo

Aunque produce más trabajos científicos que los EE UU, la Unión Europea tiene un nivel de productividad empresarial sensiblemente inferior. Es la denominada "paradoja europea" que tanto preocupa a los economistas y a los políticos comunitarios. En el caso español, puede hablarse de la misma paradoja europea pero elevada al cuadrado. Resulta que con el 8% del PIB de la Comunidad Europea y el 2,7% de todas las publicaciones mundiales, España apenas dispone del 1% de las patentes de la UE. El déficit investigador en el sector empresarial -sólo uno de cada cinco científicos españoles trabaja en el sector privado- hace que nuestro país se sitúe en el pelotón de cola europeo también en número de investigadores (5 por cada 1.000 habitantes, la mitad que Suecia), por delante únicamente de Grecia, Portugal e Italia.

Admitido que, como establece en su informe la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce), el apoyo de los poderes públicos a la investigación en nuestro país ha estado caracterizado por la falta de continuidad, sujeto a la oportunidad que brindaban los momentos de bonanza económica presupuestaria, la principal falla del sistema es la debilidad de la inversión empresarial en este terreno. Lo dicen los diagnósticos de los expertos. Porque, con las objeciones que se quiera -"la política de ayudas fiscales sólo beneficia a las compañías con beneficios", "habría que liberar a las empresas de los pagos de la Seguridad Social durante 10 años, como en Francia"-, lo cierto es que España cuenta con un marco de incentivos favorable. De hecho, las empresas pueden desgravar hasta el 35% de su gasto en investigación.

Más aún: la política de subvenciones a la investigación empresarial ha resultado globalmente un fracaso y no faltan los casos en los que las compañías subvencionadas han destinado el dinero a otros menesteres, o se han limitado a invertir únicamente el dinero público destinado a I+D, vulnerando el principio de cada euro del erario público sea correspondido con otro de la empresa.

En el proyecto Ingenio 2010, con el que el Gobierno central pretende darle la vuelta a esta situación, se alude al problema en términos más delicados -"nuestro tejido industrial no aprovecha suficientemente el conocimiento generado por nuestro sistema de I+D"- que los que emplea el secretario de Estado de Universidades e Investigación, Salvador Ordóñez: "Hay que actuar urgentemente sobre la grave e histórica dificultad para integrar a las empresas en la I+D+i y sobre sus serias deficiencias para convertir los resultados científicos en beneficios económicos y sociales".

¿Cómo conseguir el objetivo, modesto en relación a los de los otros países de la UE, de que la participación empresarial alcance en 2010 el 55%, al menos, del total de la inversión en I+D? Según la fundación para la investigación tecnológica, Cotec, que reúne a 80 empresas coordinadas por el ex presidente del BBV, José Ángel Sánchez Asiain, la inversión empresarial española crece en los últimos años al 13% anual y ya ha recortado sensiblemente su diferencial con la media europea, aunque, dado el enorme retraso existente, ese objetivo no se alcanzará al ritmo actual hasta dentro de dos décadas.

Un país que no crea emprendedores

La primera explicación viene de la mano del propio tejido industrial. España tiene pocas empresas con capacidad de invertir grandes sumas en I+D puesto que el 99% de su parque empresarial lo componen las pequeñas y medianas compañías. Por necesidades evidentes de la competencia exterior, las grandes firmas invierten, por lo general, mucho más que el porcentaje medio, pero como en conjunto son pocas, la suma resultante es extremadamente baja.

"Además", subraya Isabel Lozano, directora de PharmaMar, "la estructura empresarial en España está centrada en el sector servicios, el turismo, todavía en expansión, que, por lo visto, no exige grandes esfuerzos en I+D". Tampoco el negocio de la banca -España cuenta con bancos poderosos y de presencia internacional- parece requerir elevadas inversiones en este terreno. "En lugar de una cultura de riesgo, lo que tenemos es un enorme miedo al fracaso que frena las iniciativas", comenta Cristina Garmendia, presidenta de la Asociación Española de bioempresas (Asebio) y directora de Genetrix.

¿Qué hay que hacer para lograr que las 2,5 millones de medianas y pequeñas empresas existentes -sólo el 24% tiene su propio sitio en Internet-, se aprovechen de un sistema que, como reconocen los expertos de la OCDE, dispone de centros públicos de investigación de primera línea? Su concurso es decisivo porque sostienen más del 70% de los puestos de trabajo y son ellas las que cargan con el peso de la economía.

Un primer obstáculo parece ser la falta de cultura emprendedora. "Tenemos un país que no crea emprendedores, ni fomenta la crítica constructiva. Tampoco hemos aprendido a ser heterodoxos y así es muy difícil que salgan los grandes creadores", comenta Salvador Ordóñez, secretario de Estado de Investigación. "Decididamente, la educación española no estimula la investigación. La ciencia habrá ganado en España el día en que los científicos ocupen parte del protagonismo que tiene el fútbol", apunta Joan Guinovart. Entre la comunidad científica hay una abierta crítica a la cultura del pelotazo, del dinero fácil y el mínimo esfuerzo, al hábito de popularizar a personajes de dudoso mérito y de mantener a la sociedad entretenida en el cotilleo y la frivolidad vacía.

¿Resulta ocioso o demagógico preguntarse por qué cualquier ciudadano, no necesariamente inculto o iletrado, puede nombrar de corrido a personajes y personajillos de las farándulas televisivas y de la prensa del corazón pero es incapaz de aportar el nombre de un solo investigador? ¿La ciencia en España sigue siendo un problema de cultura colectiva, tal y como dejó escrito Ramón y Cajal después de haber reflexionado largamente sobre el asunto?

Esperar a que innoven otros

Mientras la versión optimista confía en que habrá dinero privado para invertir, la pesimista se remite a la experiencia de estos últimos años y concluye que el inversionista español seguirá pensando en la ganancia rápida, mirando a las construcciones que pueblan el sur y el levante costero español. "No hay inversión privada, pero yo creo que sí hay interés. Lo que pasa es que las empresas españolas de biomedicina, por ejemplo, somos muy jóvenes y, salvo casos contados, todavía no hemos tenido tiempo de demostrar que invertir en nosotros puede ser un buen negocio", señala Cristina Garmendia. "Al capital hay que presentarle expectativas de ganancia, porque no olvidemos", subraya, "que esto también es un negocio".

Hay comportamientos, sin embargo, que vienen a galvanizar los ánimos de los científicos. Constituidas como fundación privada, cinco empresas ajenas al sector farmacéutico: El Banco Santander, La Caixa, el Corte Inglés, Inditex y PRISA se han comprometido a aportar en los próximos 10 años, un total de 170 millones de euros, el 40% de la inversión total, para convertir al Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares en el principal instituto de investigación cardiovascular de Europa. El nuevo CNIC estará dirigido por el cardiólogo Valentín Fuster, actual director del Instituto Cardiovascular de la Mount Sinai School of Medicine de Nueva York. También el Centro de Investigación Médica Aplicada de la Universidad de Navarra (CIMA), que da trabajo a 300 científicos de 16 países, constituye igualmente una valiosa apuesta del capital privado.

"El problema de la investigación empresarial", explica Joan Esteban, del Instituto de Análisis Económico, "es que mientras los costes son inmediatos, los beneficios son futuros e inciertos ya que nada ni nadie te asegura contra la posibilidad de que la competencia se te adelante y patente el invento. Las grandes empresas pueden diversificar la investigación internamente y asegurarse un promedio de rentabilidad, pero las pequeñas y medianas", subraya, "se enfrentan a un riesgo que consideran excesivo y no invierten porque creen que les sale más a cuenta esperar a que innoven otros". El "síndrome de la virginidad estatal", la idea de que lo público se prostituye forzosamente al contacto con lo privado, ha retrasado la puesta en marcha de fórmulas de colaboración provechosas que permitan a las empresas adquirir tecnología reduciendo notablemente el riesgo de la inversión en I+D.

Torres que se desploman

Claro que el paso previo, elemental, es conseguir que todas las pequeñas y medianas compañías -solo el 36% de las que tienen menos de 10 empleados disponen de Internet- estén conectadas a la sociedad de la información. Dentro también del plan nacional de investigación a aplicar en la presente legislatura, el Gobierno ha destinado 200 millones de euros a los proyectos tecnológicos de cooperación entre empresas y universidades u organismos públicos. La casi totalidad de ese dinero serán créditos reembolsables, pero está vez se pretende que la obligatoriedad de presentar avales por el valor de los créditos deje de ser un obstáculo. Así y todo, los jóvenes investigadores se quejan de que las ayudas públicas van dirigidas a los proyectos y científicos consolidados y que no ofrecen una verdadera oportunidad a los que empiezan desde abajo.

Tim Smithers, director del programa robot Mirela, uno de los experimentos presentados junto al proyecto Ingenio 2010, vino a San Sebastián hace 12 años siguiendo los pasos a una becaria española, hoy su mujer, que hizo su curso de posgraduado en Inglaterra. Pese a su experiencia y su formación en Cambridge, el británico no ha logrado una plaza de catedrático en la Universidad del País Vasco, debido, dice, a los obstáculos burocráticos que impiden, generalmente, a los extranjeros acceder al sistema académico español. Da clases en la Escuela de Ingenieros y sólo dedica unas horas semanales a ese proyecto estrella: un robot que responde al lenguaje universal de las notas musicales.

Su diagnóstico no es diferente al de sus colegas españoles. "En España hay gente buenísima que está en lo más alto, pero falta la estructura, la pirámide, y no hay masa social suficiente. Los grupos dependen muchísimo del jefe y si éste se larga, por ejemplo, a EE UU, la torre se viene abajo. El orden jerárquico es muy riguroso y a la gente nueva que empieza no le llega el dinero. No hay cultura de investigación aplicada a la empresa, ni una relación fuerte entre universidad e investigación. El investigador está en la universidad o en el centro tecnológico, no en la empresa, y el profesor universitario vive volcado en la publicación de su trabajo. Ahí, se acaba todo. Como la empresa no participa, tampoco se sabe qué es lo que necesita".

No es la ciencia por la ciência

Esa es, precisamente, la pregunta que la Fundación C Y D (Conocimiento y Desarrollo), constituida por un grupo de empresas españolas en diciembre de 2002 bajo la presidencia de Ana Patricia Botín, ha planteado a 404 directivos. La conclusión no deja en buen lugar a la Universidad española, puesto que la mayoría de los ejecutivos no ven en ella a un motor de desarrollo económico, ni creen que su organización actual facilite esa función. En general, la empresa reprocha a la Universidad que forme titulados ignorando los criterios de practicidad y aplicabilidad que demanda el tejido industrial.

"La finalidad no es la ciencia por la ciencia, sino su aplicación para el provecho de la sociedad", proclaman. Según esas opiniones, la Universidad no aporta una formación sólida de contenido científico y de aplicaciones polivalentes, tampoco potencia suficientemente los contenidos técnicos, ni fomenta el buen conocimiento de los idiomas modernos, la informática y la actividad comercial. Como dejó escrito Louis Pasteur (descubridor de la vacuna): "No hay ciencia básica y ciencia aplicada, lo que hay es aplicación de la ciencia". Y a su vez, es cierto también que los doctores universitarios no acostumbran a ver en la empresa una salida profesional y que muchas compañías no valoran, en absoluto, la titulación.

"Las universidades están obligadas a asumir nuevas funciones, en la medida en que la economía de la innovación permanente les asigna un papel protagonista. Tienen que interrelacionarse con el sector productivo y crear sus propias empresas", destaca el secretario de Estado de Universidades e Investigación, Salvador Ordóñez. "Debemos combatir la idea de que la docencia es la misión más genuina de la universidad (...)". "Docencia e investigación son actividades complementarias. Todo profesor debe investigar e impartir docencia", se indica, a su vez, en el informe que los científicos han presentado al Ejecutivo.

La rentabilidad social del I+D

También Isabel Lozano, directora de PharmaMar, la empresa del grupo Zeltia especializada en el descubrimiento y desarrollo de fármacos de origen marino, opina que el investigador tiene pocos incentivos para meterse en un proyecto empresarial. "En general, no tiene acceso al capital para financiar proyectos. Si en Zeltia hemos conseguido créditos", dice, "es porque contamos con bienes tangibles y empresas químicas de liderazgo y gran consumo. De los 325 millones de euros que hemos invertido desde 1986, un 5% corresponde a ayudas públicas, pero lo hemos utilizado muy bien y no nos hemos arrugado ante las multinacionales. Creo que se ha demostrado que con perseverancia en la investigación y la inversión y centrándose en un área concreta se puede dar la batalla y eso que crear un nuevo fármaco exige normalmente una inversión de 800 millones de dólares y más de 10 años de trabajo". El de Zeltia, empresa que se ha internacionalizado y ha salido a Bolsa es, efectivamente, un raro ejemplo, porque la característica de la empresa española es que aunque mejora su tecnología de producción, no elabora nuevos productos con la intensidad con que lo hacen la mayoría de las europeas.

Para incentivar a las empresas, Joan Esteban propone que las empresas que cotizan en Bolsa tengan que elaborar balances de su capital tecnológico y presentarlos junto a sus resultados contables. De acuerdo con sus análisis, las ayudas públicas van dirigidas preferentemente a las grandes empresas y no verdaderamente a las que las necesitan. "La explicación de la ineficiencia de la política llevada hasta ahora es que las decisiones públicas están fuertemente influidas por los grupos de presión que forman las grandes compañías", indica.

El tamaño de la empresa media española y su tibieza investigadora parecen condenar a las Administraciones públicas a cargar con el mayor peso de la inversión, pero ¿hasta qué punto se justifica la transferencia de dinero público a entidades privadas, no es también una manera de contaminar la libre competencia? La respuesta de los expertos es que esa inversión pública está plenamente justificada. "Es evidente que la inversión en I+D y en capital humano desempeña un papel clave en el crecimiento económico, lo que ocurre es que en este caso el mercado tiene dos fallos importantes que justifican el apoyo público. En primer lugar, el retorno que obtiene la empresa generadora de conocimiento es inferior al retorno que obtiene la sociedad. Y en segundo lugar, el riesgo de que la investigación no alcance su objetivo es tan grande que resulta necesario dotarle de una prima muy alta", indica Isabel Lozano.

"La rentabilidad social del I+D es muy superior a los beneficios privados que produce, muy particularmente en España", subraya, asimismo, Joan Esteban. "La investigación tiene la naturaleza de bien público porque la mayor parte del beneficio que genera trasciende ampliamente al ámbito de la empresa para situarse en el resto de la industria y en el conjunto de la sociedad. Según nuestro estudio, si desde 1970 España hubiera invertido anualmente en I+D el mismo porcentaje del PIB que la media de los países de la OCDE, hoy tendríamos un 20% más de renta per cápita".

JOSÉ LUIS BARBERÍA
EL PAÍS - España - 18-10-2005

Monday, October 17, 2005

Espanha "Se buscan 60.000 Científicos"

Dou a conhecer um artigo, publicado no "El País", de hoje, no qual se expoem as preocupações dos espanhóis acerca do seu atraso no plano tecnológico. É muito útil para comparar com os projectos portugueses na mesma área, aliás bandeira política do govrno socialista, que se deverão espelhar no OE, para 2006, que será apresentado hoje mesmo.

-------------------


"Ésa es la cifra (60.000) que calculan los expertos para permitir que España se suba al tren tecnológico. Mientras tanto, el crecimiento de la economía puede ser sólo un espejismo a medio plazo

La investigación científica se ha convertido en la palanca que marca diferencias en el crecimiento económico. Aunque el conocimiento y la información han sido siempre fuentes de riqueza y poder, nunca habían adquirido un papel tan relevante en el mercado. España se la juega en unos pocos años si quiere alcanzar el tren de la nueva economía.

España dedica a I+D la mitad que Francia y una tercera parte que EE UU


En 2000 registró poco más de 100 patentes, frente a las 6.000 de Alemania y las 15.000 de EE UU


Ni hay dinero ni sobran ideas. Sólo hemos producido un verdadero genio, Ramón y Cajal Deprisa, deprisa, hacen falta 60.000 nuevos investigadores antes de que finalice esta década, hay que recuperar o incorporar a otros 900 científicos de prestigio internacional, tenemos que crear grandes infraestructuras tecnológicas y convencer a las empresas y al conjunto de la sociedad de que la investigación propia es el valor añadido que nos asegura la prosperidad.

Avisada ya del peligro por la persistente pérdida de productividad y competitividad exterior, y por el aumento del déficit comercial, España reacciona como acostumbra a hacerlo en los momentos comprometidos: tarde, desde luego, pero intentando la hazaña, el gran salto adelante que debe permitirle salvar el retraso acumulado. Ese salto, un vuelo de cinco años, está encaminado a trasladar a nuestro país a la privilegiada orilla de las economías que se blindan frente a la competitividad globalizadora creciente, renovando su apuesta por la innovación tecnológica. ¿Conseguirá España enterrar definitivamente la morbosa leyenda negra de su pobre disposición para la investigación científica, conjurar el resentido maleficio unamuniano del "que inventen ellos", superar ese secular complejo de inferioridad ante las ciencias aplicadas y experimentales que, contra la evidencia demostrada en tantos casos, continúa adherido a la piel de este país?

Aunque, por ahora, no es oro todo lo que reluce en los reforzados presupuestos gubernamentales -buena parte del aumento son créditos reembolsables a largo plazo con interés cero, no subvenciones-, entre la comunidad científica circula una brisa expectante, vivificadora. ¿No es extraordinario que los investigadores españoles, genuinos francotiradores de la ciencia más que gentes de equipo, hayan salido de sus parapetos para organizarse a campo abierto? Por una vez, nuestros científicos abandonan la narración lacrimógena de sus conocidas miserias, mudan el rictus amargo de la vieja frustración heredada y transmitida por todos aquellos, desde Juan de la Cierva hasta el último de los actuales becarios sin derecho al desempleo, que han constatado que investigar en España es, muchas veces, llorar.

Ellos ya han dado un primer paso: tomar la iniciativa, evaluar la situación, detectar las fallas del sistema, lanzar propuestas. "Hemos organizado un ejército de 30.000 científicos que va a pelear para que España no pierda el tren del futuro, que es la economía basada en el conocimiento", proclama el presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce) y director del Parque Científico de Barcelona, Joan Guinovart. "La armada científica más potente que ha existido nunca en este país", como dice él, ha puesto sobre la mesa del Gobierno un amplio informe, fruto de un año de reflexiones, consultas y estudios, que habla, desde luego, de dinero, -"no investigar se pagará mucho más caro"-, pero también de la necesidad de flexibilizar los estamentos de la política científica, de mejorar la formación de los investigadores y hasta de cambiar la mirada, distraída y distante, con que la sociedad contempla a la ciencia.

El periodo mágico

Hay esperanza, entre otras cosas, porque el precedente de la política de inversiones y becas a los posgraduados puesta en marcha a mediados de los años ochenta demostró sobradamente el talento de los investigadores que completaron su formación en centros internacionales. Aunque sin continuidad posterior, y de ahí viene el retroceso relativo acumulado en la última década, aquello constituyó un gran avance. "Duplicar el presupuesto de I+D, que entonces estaba en un raquítico 0,4% del PIB, dio paso a un periodo mágico. Fue como un descubrimiento: de repente, los españoles empezamos a pintar algo en la ciencia; en poco tiempo llegamos a publicar el 3% de los trabajos científicos mundiales", señala Carlos Martínez Alonso, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el principal organismo de investigación.

Muchos de aquellos cientos de jóvenes investigadores optaron por quedarse en sus países de adopción porque encontraron allí los medios, los salarios y la proyección profesional que les negaba su patria, pero los que volvieron crearon los pilares sobre los que se asienta hoy la ciencia en España. "Estamos viviendo de la cosecha de los años ochenta, así que tenemos una comunidad científica envejecida que urge rejuvenecer y ampliar. Nuestra edad media está entre los 50 y los 55 años y los jóvenes que llegan a nuestro centro rondan ya generalmente la cuarentena", apunta el director del CSIC. La idea, bastante extendida, de que el momento de máxima creatividad científica se produce normalmente en la treintena no anula el propósito de recuperar a buena parte de los investigadores españoles asentados en el extranjero.

"Necesitamos a todos los talentos que tenemos fuera, independientemente de su edad, necesitamos de todo su ingenio, su prestigio y su experiencia porque, sencillamente, España se juega su papel en el mundo. Es ahora o nunca", enfatiza, a su vez, Joan Guinovart, director de Cosce.

Gran parte de sus colegas comparten, en efecto, la impresión de que el tiempo de los esfuerzos voluntariosos y esporádicos se acaba y que sólo una enérgica y sostenida reacción puede permitir a la investigación española sobrevivir en los tiempos venideros. "Señor presidente, siento decirle que nos queda poco tiempo. La ventana de oportunidad temporal puede durar lo que su actual legislatura. Aproveche la ocasión. Si no lo hace, probablemente será mejor que dedique los recursos a otros temas, ya que muy probablemente seremos dependientes tecnológicamente en muchos sectores durante el siglo XXI", indica Francisco Bas, ex secretario general de Asebio (Asociación Española de Bioempresas), en la carta que ha enviado al presidente del Gobierno.

El triángulo del conocimiento

"Habrá dinero", ha asegurado José Luis Rodríguez Zapatero: más becas, más contratos, más subvenciones. El Estado incrementará en un 25% como mínimo su presupuesto anual de I+D+i (investigación, desarrollo, innovación) con el propósito de que en 2010 el conjunto de la inversión pública y privada sume 19.000 millones de euros, el 2% del producto interior bruto (PIB), prácticamente el doble de lo que ahora se gasta en España.

No llega a ser el 3% que la Unión Europea se fijó como objetivo para esa misma fecha de 2010 en el Consejo de Lisboa, y seguiremos estando muy lejos de las cifras de Estados Unidos, Japón, Corea o los países nórdicos, pero ese salto permitirá a España reducir notablemente la brecha y acercar el horizonte de la convergencia con Europa, situada hoy a 20 años vista. Duplicar la inversión en I+D, esto es, pasar del actual 1,05% al 2% del PIB, es simplemente hacer los deberes elementales para poder disponer de la capacidad de investigación propia que le correspondería a España por su peso en la economía mundial. Porque si hablamos en términos absolutos, nos encontramos con que, de acuerdo con el estudio realizado por Main Science & Technology en 2001, España invierte en I+D un total de 9.400 millones de dólares en un año, mientras que Francia gasta 38.000; Alemania, 54.300; Japón, 106.900, y Estados Unidos, 277.100.

El "triángulo del conocimiento", formado por la educación, la investigación y la innovación, entendida esta última como transferencia de conocimiento a la empresa, se erige en la piedra angular de la nueva economía de los países desarrollados.

Lo que está en juego en España es el bienestar futuro de una sociedad que crece y genera empleo, efectivamente, pero en base a un modelo descompensado, dependiente de la construcción y de la demanda interna, que le lleva a retroceder significativamente en los indicadores mundiales de competitividad y le incapacita para superar la prueba obligada de los mercados exteriores. La pregunta lógica es hasta cuándo podrá sobrevivir ese modelo en un mundo, el del "capitalismo de la innovación extensiva", que está pasando de la era industrial a la economía fundada en el saber.

A la cola del comercio electrónico

Ciertamente, con los datos en la mano, el panorama se presenta preocupante. Pese al esfuerzo realizado a lo largo de las dos últimas décadas, la octava economía mundial por tamaño del PIB continúa a la cola de la inversión en I+D de los países desarrollados, incrementando su dependencia tecnológica. Según el informe Factbook 2005 de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), España dedicó en 2000 a la "inversión en conocimientos", concepto que engloba los gastos en I+D, en educación universitaria pública y privada y en nuevas tecnologías, el 2,5% de su PIB, poco más de la mitad de lo que lo hicieron países europeos como Alemania (4,8%) o Francia (4,6%), y mucho menos que Corea (5,4%) o EE UU (6,8%).

Aunque la economía española supone el 8% de la economía de la Unión Europea a 15, somos los que menos invertimos en equipamiento tecnológico en el sector de la producción, y nuestro comercio electrónico (Internet) es el menos activo de toda la Comunidad Europea, menos también que Portugal y Grecia, los países con los que tantas veces España comparte el pelotón de cola.

Visto así, no deja de ser sorprendente que la ciencia española haya logrado asomarse en algunos de los terrenos reservados a la élite mundial. Porque las cifras que dan cuenta de nuestra pobre inversión, tanto en I+D como en formación -somos también uno de los países europeos que menos gasta por estudiante-, están lejos de mostrar la calidad de la investigación básica en nuestro país.

Y, por lo mismo, la idea de subdesarrollo científico que sugieren los datos sólo tiene sentido como reflejo de que la apuesta inversora no se corresponde con el potencial económico y humano del país, ni atiende al reto planteado a las sociedades desarrolladas.

España es una potencia media tecnológica que suple sus graves carencias propias recurriendo al mercado internacional. El problema es el futuro, el peligro de que los sectores productivos sean incapaces de competir en costes en un mundo que está haciendo de la tecnología su gran valor añadido.

De hecho, las advertencias de los analistas internacionales han empezado a multiplicarse: "España corre el riesgo de perder competitividad y de sufrir un retroceso tecnológico", apuntan expertos de la OCDE y de la ONU. "Los países como España que han confiado su inversión a gran escala para la producción de tecnología media a compañías extranjeras dispondrán de un valor añadido en su producción relativamente bajo y serán más vulnerables a la amenaza competitiva de los países de fuera de Europa", sostiene Luis A. Walter, socio responsable del área de Mercados Industriales y Automoción de KPMG en España. Un estudio de esa misma compañía muestra que la clave para superar el reto de la producción a bajo coste es asegurarse de que los productos vayan un paso por delante de los que fabrican las regiones industriales emergentes. Los perdedores serán las compañías que no hayan invertido en I+D.

El país de la fregona

El caso de España emite señales alarmantes porque, además, su número de patentes (los derechos de explotación en exclusiva de un invento por un periodo determinado) alcanza cifras paupérrimas. Según la misma OCDE, España registró en 2000 un total de 113 patentes, frente a las 1.794 del Reino Unido, las 5.777 de Alemania o las 14.985 de EE UU. Y las cosas no han cambiado significativamente en ese aspecto clave. Son datos desalentadores que parecen abonar el pesimismo histórico español. "Aquí no se ha inventado otra cosa que la fregona y el chupa-chups", se dice a menudo, con una mezcla de frustración y desprecio. Es un comentario doblemente injusto, en la medida en que ignora los importantes logros obtenidos por la ciencia española en estos últimos años y desprecia, de paso, los pocos ejemplos existentes de ingenio aplicado a la industria. Hay quien considera un sarcasmo que el inventor de la fregona y de la aguja desechable, Manuel Jalón, haya sido incluido, alguna vez, entre el selecto y diminuto grupo de investigadores españoles reconocidos por la historia: Ramón y Cajal (la neurociencia), Isaac Peral (el submarino), Miguel Servet (la circulación de la sangre), Juan de la Cierva (el autogiro).

Con toda su aparente modestia, la fregona puso en pie a millones de mujeres en todo el mundo y facilitó la incorporación del hombre a estas tareas. Su artífice merecería, quizás, un reconocimiento más franco, no condicionado por el viejo complejo español que tiende a infravalorar o a desconfiar de lo propio. Cristina Garmendia, directora de Genetrix y presidenta de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), recuerda muy bien la reacción que obtuvo al presentar su primer proyecto de patente al Consejo de Administración: "Y si es una cosa tan buena, ¿cómo es posible que no la hayan descubierto los americanos o los alemanes?". El gran golpe de timón de la investigación española debería ir acompañado de un cambio de mentalidad general que, además de acabar con la inclinación a mortificarse, a recrearse vanamente en las deficiencias domésticas, conduzca a armarse de determinación y a apreciar en lo que vale el trabajo de las 70.000 personas que sostienen la investigación española y la calidad de centros y los experimentos en marcha.

España no está sobrada, precisamente, de descubrimientos aplicables a la industria, de la misma manera que, contra lo que proclama el recurrente mito-refugio ("A los españoles nos sobran las ideas, lo que nos faltan son medios"), tampoco es evidente que los genios abunden entre nosotros. Lo dice el presidente del CSIC, Carlos Martínez: "Ni nos sobran las ideas, ni contamos con grandes genios. Somos un país de toreros, francotiradores y guerrilleros, tipos duros, individualistas, acostumbrados a sobrevivir en la penuria financiera, pero sólo hemos producido un auténtico genio, Ramón y Cajal, un personaje extraordinario que sin otros medios que la observación personal dio el gran salto cualitativo y descubrió de la nada la neurociencia. Hay que cambiar el sistema de reparto del dinero, que fomenta el individualismo: cinco señores reciben más subvenciones cada uno por su lado que si formaran equipo. Pero también los científicos tenemos que cambiar, porque la ciencia ya no es el resultado de personajes singulares, sino un proceso de avances continuos".

Ahora, el genio es el que trabaja y sabe hacerlo en equipo. Aunque la investigación sigue requiriendo personalidades singulares, necesita también, cada vez más, visiones alternativas y complementarias. "Para que se produzca un cambio", indica, "hace faltan antes los avances que crean el nuevo espacio". Es una opinión compartida por Joan Guinovart: "La ciencia moderna se ha convertido en un asunto de los ejércitos regulares de científicos y por eso la guerra de guerrillas, tan española, ya no tiene sentido. Al mismo tiempo, tenemos que acabar", apunta, "con la costumbre de la tutela que ejercen las figuras en España y que hace que los jóvenes y no tan jóvenes vivan a la sombra de un protector, dependiendo de él para todo: financiación, laboratorios, contactos... No, señor: si sale un tipo bueno, hay que darle un laboratorio, dinero y una plaza. Y lo mismo si son dos, tres o los que sean".

El talón de Aquiles

La cifra de patentes pone al desnudo, desde luego, la enorme laguna de la ciencia aplicada española, pero sigue siendo un reflejo engañoso, injusto, del nivel real de la investigación en nuestro país. En primer lugar, porque los investigadores españoles no están mal situados en lo que se refiere a la publicación de sus trabajos en las revistas científicas de prestigio, un indicador siempre elocuente de la calidad de la actividad investigadora. Disponer del 2,7% de los artículos científicos publicados en el mundo puede ser, efectivamente, un dato aceptable para un país que cuenta con el 2% de la riqueza mundial en términos de PIB. Aceptable, sí, aunque, como matiza Carlos Martínez, una cosa es la cantidad, otra la calidad y otra la utilidad de esos trabajos para el tejido industrial.

"Publicamos, sobre todo, perfeccionando las aportaciones de otros y hacemos pocas cosas muy importantes. No tenemos campeones, no tenemos un Alonso de la ciencia, no hay una asociación clara entre publicaciones y patentes", dice el director del CSIC. A juicio de Cristina Garmendia (directora de Genetrix), el problema es que "el investigador español no está mentalizado en la necesidad de proteger sus resultados porque hasta ahora se le ha juzgado exclusivamente por el número de sus publicaciones y no por el de sus patentes".

"¿Qué pasa con la empresa española, se ha acostumbrado a pagar los royalties, cree que podrá sobrevivir sin innovar?". Es la gran pregunta que se hacen los responsables de la investigación científica. Porque no deja de ser paradójico que el número 1 en la titularidad de patentes -suyo es también el invento de las gulas, sucedáneo de las angulas- sea un organismo público como el CSIC y no la empresa privada. Así que se puede tener un nivel aceptable en la investigación básica y carecer de penetración en la investigación aplicada a la industria.

Ésa es la gran falla del sistema. Ocurre que las empresas españolas, las más interesadas, teóricamente, en desarrollar el I+D aplicado a sus productos, invierten proporcionalmente en investigación mucho menos que las compañías europeas, y no digamos nada que las norteamericanas. Mientras la financiación empresarial en el conjunto de la Unión supone de media el 58% del dinero efectivo destinado a I+D+i, en España ese porcentaje queda reducido al 48%, lo que obliga, a su vez, a los poderes públicos a hacer un esfuerzo presupuestario adicional muy superior. Ahí, en la atonía empresarial, está el principal talón de Aquiles de la investigación española."

JOSÉ LUIS BARBERÍA
EL PAÍS - España – 17-10-2005

Thursday, October 13, 2005

AINDA O BALANÇO DAS ELEIÇÕES AUTÁRQUICAS - OS COMENTÁRIOS

Curioso fenómeno o dos comentários aos resultados das eleições autárquicas: nunca são referidos os resultados!

Os dirigentes do PS comportam-se como derrotados, tendo sido vencedores; os dirigentes do PSD como vencedores, tendo sido derrotados; o PSD “esconde” a aliança com o CDS/PP; o CDP/PP esconde-se por detrás dessa aliança.

JPP em artigo, no “Público”, inicia assim a sua prosa: “O PSD ganhou as eleições, de forma inequívoca.” Ao longo do texto não surge um argumento objectivo, ancorado em qualquer análise dos resultados, que justifique tal asserção. Não apresenta um único número. Na mesma página, ao lado, Rui Moreira titula o seu texto: “A Rosa Murchou”, na mesma linha de argumentação, embora mais moderado, sem qualquer referencia aos resultados.

José António Lima, no “Expresso on line”, aventura-se na pura mentira afirmando: “Na verdade, o PS sofreu no passado domingo uma derrota política em toda a linha. Perdeu câmaras, perdeu mandatos, perdeu capitais de distrito, perdeu votos."

É pura mentira. O PS, em relação às eleições de 2001, não perdeu mandatos, ganhou mandatos; não perdeu votos, ganhou votos. Perdeu, de facto, em comparação com 2001, três presidências de Câmara e duas capitais de distrito, tendo ganho uma. A direita é que perdeu em toda a linha: perdeu 3 presidências de câmara; perdeu mandatos; perdeu uma capital de distrito e perdeu votos.

Finalmente Jorge Coelho, surpresa das surpresas, afirmou na “Quadratura do Círculo”, na “SIC-Notícias”, que os resultados do PS não tinham sido “catastróficos”. Pelos vistos as expectativas dos dirigentes do PS eram megalómanas. As escolhas de muitos candidatos consideradas de excelência. A política de alianças um primor de visão estratégica. Só essas falsas expectativas, alimentadas pelos dirigentes do PS, podem explicar a sua incapacidade para defender os resultados.

Como os números mostram o PS, objectivamente, obteve um bom resultado. O que acontece é que os dirigentes do PS falharam na gestão das expectativas e transformaram uma vitória ou, no mínimo, um bom resultado, numa derrota. Marques Mendes geriu melhor as expectativas e permitiu-se transformar um resultado medíocre numa vitória.

Os balanços das autárquicas, fundados num exercício extraordinário de omissão dos resultados das mesmas, integram-se, na perfeição, na pré-campanha presidencial de Cavaco. A ideia é simples: criar uma onda de derrotismo na esquerda e, em particular, no PS para abrir o caminho a uma entrada triunfal da candidatura presidencial de Cavaco.

Pode ser que nas eleições presidenciais se invertam as expectativas e, concomitantemente, a lógica de apreciação dos seus resultados finais.

Wednesday, October 12, 2005

A Derrota da Direita nas Eleições Autárquicas - 2005

Conhecidos os resultados finais das eleições autárquicas, divulgados pelo STAPE, confirma-se, em pleno, o contrário do que diz a propaganda da direita já em trabalhos de parto para a candidatura de Cavaco Silva.

Ainda ontem a SIC passava, em rodapé, a informação de que o PS perdera mais de 500.000 votos face às últimas legislativas. Ora não se podem comparar resultados de eleições de natureza diferente além do mais porque, que eu saiba, o PSD e o PP concorreram separados nas legislativas e coligados em grande número de autarquias o que inviabiliza a realização de comparações sérias entre os resultados das legislativas e das autárquicas.

Num post anterior, editado no absorto, escrevi:

“Mas o mais honesto é fazer a comparação com os resultados das eleições autárquicas de 2001 e tomados estes verificar-se-á um ligeiro recuo do PS (108 a 109 Presidências, em 2005, para 111 em 2001) e, da mesma forma, um ligeiro recuo do número de Presidências para o PSD/PP (159 a 160, em 2005, para 162 em 2001).”

Os resultados finais das eleições autárquicas de 2005, comparados com os de 2001, confirmam que o PS perdeu 3 Presidências de Câmara (109, em 2005, contra 112, em 2001) mas obteve mais votos, mais mandatos e uma percentagem superior.

Ou seja o PS, apesar de ter perdido 3 Presidências, cresceu para 1.930.191 votos, em 2005, contra 1.792.690 votos, em 2001; obteve, em 2005, 853 mandatos, contra os 825 obtidos em 2001 e 35,84% em 2005, contra 34,12%, em 2001.

A direita, PSD e CDS/PP, no conjunto (separados ou coligados), perdeu, igualmente, 3 Presidências de Câmara (159, em 2005, para 162, em 2001), perdeu votos (2.353.701 em 2001, 2.311.691, em 2005), perdeu mandatos (942, em 2001, contra 934, em 2005) e decresceu dos 45,84% em 2001, para 42,92, em 2005.

A esquerda (PS+PCP+BE) mantém uma maioria confortável face à direita, considerando o PSD+CDS/PP (sozinhos ou coligados), em número de votos (2.680.087 contra 2.311.691); em mandatos (1.063 contra 934) e em percentagem (49,76% contra 42,92%). Apesar desta maioria da esquerda em votos, mandatos e em percentagem, a direita obtém mais Presidentes de Câmara (159 contra 142).

Comparativamente com as eleições de 2001 a direita, em 2005, desce em todos os itens (votos, mandatos, percentagem e Presidentes de Câmara) e a esquerda sobe em todos os itens, incluindo em Presidências de Câmara, neste caso, à custa da conquista de mais 4 Presidências pelo PCP que compensam as 3 perdidas pelo PS.

Nestas contas são só considerados os resultados dos partidos (sozinhos ou coligados) que conquistaram Presidências de Câmara. A direita, se forem considerados todos os outros resultados marginais, aumenta ligeiramente a sua expressão. Mesmo que se considerem esses resultados e, ainda, em 2001, os resultados da coligação PS/PCP, em Lisboa, a correlação de forças não se altera no essencial.

Conclusão:

1 - A direita (e não o PSD), em 2005, é maioritária em número de Presidências de Câmara, como já era em 2001, mas perde expressão em votos, mandatos, percentagem e Presidentes de Câmara.

2- O PS recua ligeiramente, em número de Presidências de Câmara, face a 2001, mas melhora os seus resultados, em votos, mandatos e percentagem.

3- A esquerda no seu conjunto, cresce eleitoralmente, em todos os itens, face a 2001, sendo maioritária excepto em número de Presidências de Câmara.

4 - Nestas eleições autárquicas, comparadas com as 2001, a direita perdeu expressão eleitoral e, em contrapartida, a esquerda ganhou.

5 - As notícias em contrário são manifestamente falsas!

(Se alguém se der ao trabalho de conferir os números e algum estiver errado diga qualquer coisa.)

Friday, October 07, 2005

Bem vistas as coisas ...

“Conheço-me bem de mais para crer na virtude completamente pura.”

Albert Camus

Bem vistas as coisas, se fizermos uma análise sincera da contestação social às medidas anunciadas, e concretizadas, pelo governo socialista, muitas corporações sentir-se-iam bem mais confortáveis com um governo de direita.

Tantas vezes que se ouviu proclamar, nos três anos da governação de direita, entre Março de 2002 e Fevereiro de 2005, as vantagens espantosas da paz social. Nesse período foram raras as greves e escassa a contestação social.

Cresceu o deficit das contas públicas, elevando-se, afinal, mais alto do que aquele que resultou da celebrada herança de Guterres; cresceu a dívida pública; tornou-se mais extensa a lista de espera para as cirurgias; mostrou-se mais opaca a justiça; revelou-se mais ensarilhada a educação, mas o país pouco se manifestava nas ruas mantendo um manso ruminar de indignação na espera paciente de que algo acontecesse e deitasse abaixo o governo.

Clamava-se que eram necessárias, e urgentes, medidas de fundo, as chamadas reformas estruturais que movimentos cívicos, caídos no baú do esquecimento, condicionavam a “acordos de regime” para que pudessem ver a luz do dia.

Mas o país aspirava a uma maioria absoluta, nas urnas, dando ao poder político executivo a força para tomar as medidas difíceis. Ora aí está! A equação cuja resolução se ansiava por ver resolvida é simples de enunciar.

Baixar o deficit das contas públicas que se situará num valor superior a 6%, em 2005, para um máximo de 3% num curto período de 3 anos; logo conter as despesas do estado e aumentar as suas receitas.

Baixar a dívida do país face ao exterior para um patamar razoável que garanta a credibilidade de Portugal nos mercados financeiros internacionais e que não torne ainda mais pessimistas as expectativas dos agentes económicos.

Conter o desemprego, sabendo que não vai desacelerar, promovendo as medidas sociais que funcionem como almofada para a sobrevivência das classes mais desfavorecidas.

Confiar na clarividência da chamada classe média para o entendimento de que o que está em causa é a alternativa entre o afundamento do país numa crise sem regresso, com a ruína de muitos sectores da própria classe média, ou um compromisso em que todos os que usufruem de privilégios (ou “direitos adquiridos”) cedam uma parte dos mesmos para salvar o essencial do estado social.

Não entendem? Há que ter a coragem para fazer a pedagogia da política de austeridade e para exercer, quando for o caso, a autoridade do Estado. A direita que exerceu o poder, no governo, durante três anos, foi incapaz de executar as políticas reformistas que, a todo o tempo, proclamou. Faltou-lhe em coragem o que lhe sobrou em prepotência.

Hoje não há alternativa para prosseguir qualquer política, patriótica e de salvação nacional, fora do partido socialista e, muito menos, contra o partido socialista. Ou pensam viável um governo de “bloco central” ou uma coligação de todas as esquerdas que, em qualquer caso, tornaria o PS refém das corporações que agora, de forma aberta, se manifestam contra o essencial de todas as reformas?

O que está em causa não é já, somente, a salvaguarda dos princípios basilares do estado social, que carece de uma profunda reforma, mas o próprio regime democrático que urge dotar de uma autoridade que, a mais das vezes, convenhamos, lhe tem faltado.

As corporações, em Portugal, sejam de raiz pública ou privada, por razões históricas, dominam ou condicionam o Estado tendo capturado, em seu benefício próprio, muitas das suas funções essenciais.

Os democratas e os amantes da liberdade, mesmo aqueles que integram, profissionalmente, essas corporações, dão privilégio à força da inteligência (razão) e da persuasão (diálogo) não podendo deixar de subscrever as políticas reformistas para cuja aplicação concreta (e não em palavras!) se exigiria, de qualquer governo, coragem e determinação.

Bem vistas as coisas é o programa que este governo, no essencial, está a cumprir. Será suficiente? Uma velha conversa porventura mais actual do que muitos possam pensar pois o que já se vislumbra no centro do debate é a própria refundação do regime democrático cujos valores essenciais há que preservar a todo o custo.

É esta a questão central que carece de ser abordada, com serenidade e elevação, na disputa presidencial que se avizinha sem perder de vista que na vida, quanto mais na política, não há “virtude completamente pura”.

(Artigo publicado hoje, 7 de Outubro de 2005, no "Semanário Económico").

Tuesday, September 20, 2005

Manuais Escolares em Espanha

O "El País", de ontem, 19 de Setembro de 2005, realiza um balanço da situação do processo de introdução da gratuidade dos manuais escolares nos primeiros anos de escolaridade em Espanha. Trancrevo, na íntegra, a notícia.

"Siete comunidades financian textos escolares pero sólo Castilla-La Mancha cubre la etapa obligatoria

Los padres de alumnos llevan una década reclamando que los libros de texto sean gratuitos. Aunque a diferentes velocidades, en siete comunidades esto ya es una realidad. Pero sólo en Castilla-La Mancha todos los chicos de primaria y ESO tendrán manuales gratis este curso.

MARTA AGUIRREGOMEZCORTA - Madrid


Los manuales se prestan a principio de curso, y los alumnos los devuelven al final

Los padres de los alumnos llevan una década luchando por una misma causa: que los libros de texto escolares sean gratuitos para las familias con hijos matriculados en colegios públicos y concertados. Sostienen los padres que si como dice la Constitución en su artículo 27.4 la "enseñanza básica es obligatoria y gratuita", los manuales de texto que los alumnos necesitan para seguir el curso también deberían serlo.

"Tal y como está configurado el sistema educativo, el libro es todavía un elemento imprescindible que las familias están obligadas a adquirir cada comienzo de curso. En realidad, al exigir este esfuerzo económico no se cumple con el precepto constitucional, ni se garantiza la igualdad de oportunidades de todos a la educación", señala la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa). Cada familia ha de desembolsar por cada hijo al comienzo de curso sólo en libros de texto entre 180 y 230 euros, dependiendo de la etapa escolar en la que esté el niño.

Aunque a diferentes velocidades, la gratuidad de los libros de texto es ya una realidad en siete comunidades autónomas.

Pero sólo en una, Castilla-La Mancha, todos los alumnos de primaria y ESO de centros públicos y concertados -unos 200.000 escolares- disfrutarán de libros gratuitos este curso. El resto de comunidades no cuentan, por ahora, con "ningún plan diseñado" desde el gobierno autonómico para asumir el coste de los libros de manera generalizada, aunque muchos de sus escolares sí reciben ayudas, también por parte de ayuntamientos u otras entidades. Ésta es la situación de las autonomías donde ha comenzado a implantarse la gratuidad, según un estudio elaborado por la Ceapa.

- Castilla-La Mancha. Esta comunidad fue la primera en iniciar la implantación gradual de la gratuidad de libros de texto. Este curso completa su extensión a todos los niveles de primaria y ESO. La iniciativa se puso en marcha en los años 2000-2001 en los cursos de 1º y 2º de ESO. En los siguientes, la gratuidad se fue extendiendo paulatinamente a todos los niveles. El sistema castellano-manchego es sencillo. Los profesores deciden los libros a comprar y los colegios entregan a sus alumnos un vale canjeable en las librerías, y luego éstas entregan su factura a los colegios. Los centros escolares, a su vez, reciben dinero de la Consejería de Educación. Los libros pertenecen al colegio y pasan de un alumno a otro durante cuatro años si no se estropean. El Gobierno de esta comunidad preveía renovar un 5% del material cada curso por deterioro, pero los dos primeros cursos del proyecto los cambios no fueron superiores al 1,5%.

- Andalucía. Este curso la Junta andaluza comienza a implantar la gratuidad de los libros de texto en 1º y 2º de primaria. Los alumnos reciben los manuales en los centros escolares en calidad de préstamo y han de devolverlos al finalizar el curso escolar. Desde el curso pasado, la Junta de Andalucía también costea los libros de alumnos con dificultades sociales o con necesidades educativas especiales matriculados en Centros de Actuación Educativa Preferente.

- Aragón. El Gobierno de Aragón extiende este año su programa de gratuidad de libros de texto a 2º de la ESO. Ya está implantado en toda la primaria y en 1º y 2º de ESO. Los estudiantes reciben los libros de texto de los centros educativos en calidad de préstamo, a través de los consejos escolares. Al finalizar el curso, los chicos devuelven los libros para que otros puedan utilizarlos el año siguiente.

- Cataluña. Este curso se pone en marcha de manera experimental el Programa Cooperativo para el Fomento de la Reutilización de los Libros de Texto, acordado entre la Consejería de Educación y la Federación de Asociación de Padres de Cataluña. En él participarán 522 centros educativos. El objetivo de esta iniciativa es reciclar, mediante el sistema de préstamo, libros de texto y material complementario entre alumnos de diferentes cursos de un centro. La segunda fase del proyecto está prevista para el curso 2007-2008. El coste del programa será de 13,64 millones de euros.

- Cantabria. El Gobierno de esta comunidad ya ha implantado la gratuidad de los manuales escolares en 1º y 2º de primaria. La intención es ampliarla en los próximos años a toda la enseñanza obligatoria. El sistema que se aplica es el siguiente: las familias compran los libros de texto y el material curricular en las librerías o comercios por un valor no superior a 100 euros por alumnos y, posteriormente, presentan las facturas al centro, que a su vez las envía a la Consejería de Educación para su pago.

- Galicia. Este curso, todos los alumnos de primaria recibirán gratis sus libros de texto. El sistema será el de préstamo. Cada niño, al acabar el curso, deberá dejar los libros en la escuela para los compañeros del año siguiente. A los padres que ya hayan comprado los libros se les reembolsará el dinero. En cursos anteriores ya recibían el material en préstamo los alumnos de 6º de primaria, y con carácter experimental, los de 2º de ESO.

-La Rioja. La Administración autonómica costea la gratuidad en los cuatro cursos de la ESO. Las familias compran los libros y, posteriormente, la Consejería de Educación les abona el dinero correspondiente a través de los centros. Al finalizar el curso, los chicos entregan los libros al colegio, donde permanecen durante cuatro años. La Consejería de Educación asignó el año pasado becas por valor de 90 euros para la compra de manuales para todos los niños de 1º de primaria que lo solicitaran. Este año los alumnos de 2º de primaria también podrán solicitar estas ayudas."

In “El Pais” (19/09/2005)

Friday, September 02, 2005

O SEU A SEU DONO

Presidi aos destinos do INATEL durante 7 anos. Devo ser, pois, o cidadão português, vivo, que durante mais tempo exerceu aquelas funções.

Tomei conhecimento que o Senhor Presidente da República , no 10 de Junho passado, atribuiu ao INATEL uma condecoração pelos méritos no desempenho das missões que o Estado lhe tem conferido, desde 1935, primeiro com a designação de FNAT e, posteriormente ao advento da liberdade e democracia, como INATEL.

Não tenho dúvidas acerca do merecimento desta distinção. A este propósito poder-se-á afirmar que nunca é tarde demais, mas sempre prefiro tomar, para meu descanso de alma, o sábio ensinamento que Camões nos deixou nos seus límpidos versos:

Porque essas honras vãas, esse ouro puro
Verdadeiro valor não dão à gente,
Melhor é merecê-los, sem os ter
Que possuí-los sem os merecer....

--------------------
No contexto de uma crise de aplicação prática do conceito de “desenvolvimento sustentável”, de que a seca extrema e os incêndios florestais são exemplos paradigmáticos, volto a um tema que me é caro.

Não venho à colação engrossar a ladainha dos desesperançados profissionais que, na actual circunstância histórica, levantam a voz contra os grandes projectos de investimento público, vendo neles, paradoxalmente, o ocaso do progresso de uma nação empobrecida.

Para que se entenda esta minha recidiva é necessário esclarecer que venho falar de casos de investimento público concreto resultantes do facto de a partir de 1996, após longos anos de adormecimento, o INATEL ter despertado para a inovação através da promoção de iniciativas orientadas para o desenvolvimento local e regional.

O INATEL, sob a minha direcção, de 1996 aos inícios de 2003, lançou iniciativas e projectos, que assumiram a importância desta problemática e, nalguns casos a anteciparam, contribuindo, de forma original, para a modernização e desenvolvimento da actividade turística nacional.

São exemplos marcantes destes contributos, entre outros, o crescimento e alargamento, a todo o território nacional, do Programa “Turismo Sénior”, o lançamento do Programa “Saúde e Termalismo Sénior”, a elaboração da “Carta de Lazer das Aldeias Históricas” e a criação de “Centros Integrados de Lazer”.

Foi nesta perspectiva de modernização do INATEL que foram elaborados e subscritos, em finais de 2001, protocolos com as Câmaras Municipais de Fornos de Algodres e de Aguiar da Beira tendo em vista a criação de uma unidade hoteleira (Centro de Férias) em Vila Ruiva – Fornos de Algodres – e a reabilitação das termas das Caldas da Cavaca – Aguiar da Beira.

A estratégia desenvolvida nestes, como noutros casos, encerra-se em duas palavras: “reciclagem de investimentos”. O INATEL assumiu o papel da parceiro catalizador das sinergias necessárias à “reciclagem de investimentos”, já encetados pelas autarquias, tornando-os úteis no plano social, viáveis no plano económico e credíveis no plano do desenvolvimento local e regional.

Tal conceito não poderia ser aplicado caso não encontrasse eco em modelos de gestão autárquica, honestos, criativos e abertos, nas antípodas do labéu de corrupção que certas notícias querem generalizar, abusivamente,a todo o universo das autarquias.

Tornaram-se, assim, “projectos âncora” promotores do “desenvolvimento sustentável” de concelhos empobrecidos que, desde o modelo de parceria ao conceito de gestão adoptado, incluindo a qualidade arquitectónica e integração paisagística das intervenções, conjugam todas as condições para cumprirem os sonhos dos seus promotores.

O esforço de investimento público que estes projectos exigem, às autarquias respectivas, é enorme e pode ser causticado, a nível local e regional, com a mesma verrina dos grandes empreendimentos públicos nacionais pois sendo ”pequenos projectos”, no contexto nacional, são grandes empreendimentos no contexto das economias daqueles concelhos.

Mas já todos deveríamos ter aprendido que deixar ao abandono as regiões pobres do interior é “puxar fogo”, a prazo, às regiões ricas do litoral.

Se for analisado o “ADN” das obras, em breve a inaugurar, descobrir-se-á a sua paternidade que, desde logo, fica facilitada pelo conhecimento dos princípios que presidiram à sua concepção:

- Projectos apostados na integração no meio através de acções e actividades destinadas a promover o desenvolvimento local e regional, assegurando a participação das comunidades locais, preferencialmente, através de convénio(s) com as Autarquias;

- Privilégio à salvaguarda do meio ambiente e da qualidade de vida das comunidades locais, através da reutilização e rentabilização de equipamentos físicos preexistentes, promovendo, quando necessário, a sua adequada reabilitação, utilizando materiais e tecnologias não poluentes;

- Criação de equipamentos e programas, de dimensão física e económica adequada à capacidade de acolhimento da região respectiva, permitindo uma oferta turística variada, multi disciplinar, criadora de empregos e indutora do desenvolvimento da economia local;

- Estabelecimento de parcerias com as Autarquias, proprietárias dos equipamentos físicos, sendo a gestão dos mesmos, após a sua entrada em funcionamento, da responsabilidade exclusiva do INATEL.

No que respeita à minha contribuição, extensiva a todos os meus colaboradores, para os méritos da acção do INATEL acompanho Tomaz Kim quando sintetiza o conceito de Tradição: “é um conceito dinâmico que envolve um lúcido sentido histórico, aliado à força criadora dos que a perpetuam, rejuvenescendo-a, por se saberem integrados num património universal e vivo”.

Assim soubessem todos os governantes que, no passado recente, assumiram a tutela política do INATEL ser fiéis e honestos guardiões deste conceito dinâmico da Tradição honrando a memória dos mortos e defendendo a honra dos vivos.

(Artigo publicado na edição de hoje, 2 de Setembro de 2005, do "Semanário Económico")

Thursday, August 04, 2005

Mudar o "estado social" para preservar o "estado social"

Os dias são difíceis. As notícias são más. Falo dos indicadores e previsões acerca do estado da economia e das finanças do país. Nada que não fosse previsível.

Tomando apenas dois indicadores o resumo da situação é o seguinte: no orçamento para 2005, Bagão Félix, previa um crescimento do PIB superior a 2% e um deficit inferior a 3%; o Banco de Portugal corrigiu essas previsões para um crescimento do PIB de 0,5% e um deficit de 6,2% (o contraste entre a mentira a verdade é brutal!); a UE, finalmente, aprovou uma recomendação para a implementação de medidas de correcção do deficit estrutural com um calendário que partindo dos 6,2%, em 2005, o reduza em 1,5%, no próximo ano de 2006, seguido de um esforço adicional de redução de 0,75% em 2007 e 2008.

O calendário é razoável mas o esforço de redução do deficit é brutal. Um dia após a aprovação pela Comissão Europeia deste plano o ministro das Finanças demitiu-se o que se pode explicar em poucas palavras: é a política que comanda a economia e as finanças e não o contrário.

Nestes primeiros meses de governo socialista foram anunciadas - e tomadas - medidas que, na sua maior parte, eram inevitáveis mas que não são populares. Trata-se de uma questão de cuidar da sobrevivência do nosso incipiente “estado social”. A entrada em cena de um novo ministro das Finanças não altera nada, de essencial, à natureza do problema excepto o estilo do novo ministro em lidar com a política e, em particular, com a política de austeridade e, “last but not least”, com a política de investimento público.

Se é verdade que o problema de qualquer ministro das Finanças é sempre o mesmo, ou seja, onde falta a fazenda, sobra a cobiça, não é menos verdade que, hoje, está na moda falar mal do investimento público. O novo aeroporto da Ota e o comboio de alta velocidade (TGV) fazem as delícias da maledicência nacional, dando asas à costela Salazarista que cada português trás dentro de si.

Salazar, em 40 anos de ministro das Finanças e “presidente do conselho” - de 1928 a 1968 - andou uma só vez de avião, um Lisboa/Porto, (jurou para nunca mais!) e opunha fortes reservas às grandes obras sendo que as poucas que se realizaram só foram possíveis, “apesar da opinião do chefe”, pela persistência de ministros ousados como Duarte Pacheco.

Mas a moda “anti-investimento público” passará servindo, nesta fase do ciclo político, no essencial, para vulnerabilizar as verdadeiras reformas de fundo que a maioria dos portugueses esperam que o governo concretize.

As reformas decisivas consistem em mudar o equilíbrio entre os poderes, prestigiando as instituições democráticas e os seus titulares; estabelecer uma estratégia, a prazo, para uma nova especialização produtiva do país; reinventar as alianças internacionais; mudar radicalmente o paradigma do processo de educação/formação; tornar consensual a necessidade de cada um trabalhar melhor e durante mais tempo; manter uma rede de apoio social aos sectores populares mais desfavorecidos; implodir diversas instituições “sagradas” do estado; mudar a divisão político-administrativa do país; fazer com que a lei seja aplicada e o sistema de justiça funcione; diminuir o peso do estado e qualificar as suas funções; importar contingentes de mão-de-obra imigrante qualificada; investir na modernização das infra-estruturas e perder o medo de arriscar na inovação criando um modelo eficiente de apoio efectivo do estado aos verdadeiros empreendedores.

A reforma profunda do “estado social”, que se desenha no horizonte será, para alguns, uma revolução ao contrário, que se destina a tornar o país mais competitivo no concerto das nações e a fazer participar do “estado social” o maior número de cidadãos, limitando drasticamente a captura do Estado pelos interesses particulares que se reclamam, à direita e à esquerda, como seus “donos” naturais.

Este, apesar do que afirma a propaganda de alguma esquerda, não é um programa liberal ou neo-conservador é, antes, um programa de esquerda que se resume em duas palavras: MUDAR DE VIDA, ou seja, reformar profundamente o “estado social” para preservar o “estado social". Não sei se o Governo será capaz de assumir, em pleno, tal desafio mas sei que tem por obrigação persistir no caminho que encetou.

Somos um país pequeno e que beneficia, em simultâneo, das vantagens de duas alianças com os países mais ricos do mundo: os que integram a UE e os que integram a chamada “Aliança Atlântica”. Ademais dispomos da diáspora e das vantagens do português ser a língua comum a um conjunto de países com elevado potencial de desenvolvimento, com destaque para o Brasil.

Que diabo! Os dias são difíceis mas o que importa assegurar, antes de mais, é que esta não seja mais uma crise que antecede a próxima com a mesma natureza. Por isso o Governo não pode vacilar perante as dificuldades, ceder à chantagem das corporações ou recear dar todas as explicações aos portugueses nos momentos e nas sedes próprias.

O pior que poderia acontecer seria um governo socialista, com maioria absoluta, ser tolhido pelo medo dos resultados das próximas batalhas eleitorais. A novidade, em Portugal, será, desta vez, os cálculos eleitorais, normais em democracia, não deitarem a perder uma oportunidade de ouro para dar um passo decisivo na modernização do “estado social” para a qual são essenciais o equilíbrio das contas públicas e o relançamento da economia e do emprego.

(Artigo publicado na edição de hoje, 5 de Agosto de 2005, do "Semanário Económico")

Sunday, July 10, 2005

Um Estudo Acerca da Estratégia de Desenvolvimento do Turismo, o "Turismo Sénior" e a China

O “PÚBLICO” de 6 de Julho de 2005, num trabalho de Inês Sequeira (com a LUSA) divulgou uma resenha do estudo da Saer, de autoria de Ernâni Lopes, apresentado no ”Congresso da Confederação de Turismo”, no qual se sublinha a importância do “Turismo Sénior” que, conjuntamente com o “turismo de negócios”, deveria ser uma aposta nacional para o desenvolvimento da actividade turística nacional.

Assinalável é ainda a notícia de que Portugal ficará, em 2020, fora dos 10 principais destinos turísticos mundiais onde a China, na projecção da OMT, ocupará o primeiro lugar.

O reconhecimento da China como a maior potência turística do futuro além do conhecimento de que, nos plano económico e financeiro global, rivalizará com os USA e a UE, deveria levar os dirigentes políticos, a todos os níveis, a cuidar de salvaguardar as relações amistosas de Portugal com a China e a penalizar, de forma dura e exemplar, aqueles que, como o Dr. Jardim, promovem a inimizade e o conflito luso-chinês.

No que respeita à China as palavras xenófobas de Jardim são, sem dúvida, de uma profunda gravidade não só plano dos princípios, o que sempre poderá ser desvalorizado pelo facto da China não ser, de facto, um estado democrático, mas ainda mais no plano pragmático da diplomacia, da economia e das finanças. Portugal, enquanto nação independente, membro de pleno direito da UE, com um passado secular de relações com a China, não pode encolher os ombros face aos dislates do Dr. Jardim. Adiante.

Quer a importância estratégica do “turismo sénior” quer a ascensão da China a primeira potência do turismo mundial não são, de facto, novidades pois, desde há muito tempo, são conhecidos estudos e projecções que apontam nesse sentido e são do conhecimento dos responsáveis do turismo nacional e mundial.

Desde há 10 anos que, eu próprio, conheço essa realidade, quer na qualidade de responsável máximo do INATEL (de 1996 a 2003), principal promotor de “turismo sénior”, em Portugal, quer como membro de diversas organizações internacionais de turismo, inclusive a OMT, através dos debates e actividades desenvolvidas no seio dessas organizações.

Por esta ser uma realidade conhecida, condicionando fortemente o futuro da actividade turística e da economia nacional, à qual acresce a crise da economia nacional, e europeia, seria de esperar que nas prioridades do governo surgissem sinais claros de inequívoco incentivo ao “turismo sénior”, nas suas diversas vertentes, incluindo a do termalismo.

Pode ser que tais incentivos estejam nas perspectivas estratégicas do governo mas convinha que se soubesse qual a evolução recente do “turismo sénior”, promovido pelo INATEL, e quais as perspectivas da sua evolução, em quantidade e qualidade, para os próximos anos.

Aqui deixo, a propósito, a notícia a que faço referência no início deste texto.

”O caminho para aumentar a competitividade da oferta turística portuguesa terá de passar pela concentração progressiva do sector apenas em alguns produtos, nomeadamente nos binómios turismo sénior/saúde eturismo de negócios/short breaks (dois a três dias de férias), salienta o estudo Reinventando o turismo em Portugal, ontem apresentado no segundo congresso da Confederação do Turismo Português (CTP). Este documento de quase mil páginas, coordenado pelo economista Ernâni Lopes, propõe uma estratégia neste domínio tendo em conta as previsões do contexto mundial até 2025.

"Portugal não só não possui escala, aptidões e recursos que lhe permitam apostar indiscriminadamente em todos os produtos, como também não possui condições que lhe permitam alterar, no curto prazo, o perfil da oferta instalada", indica o estudo realizado pela consultora SaeR, a pedido da CTP. Tanto o turismo de negócios aliado aos short breaks como o turismo sénior ligado à saúde têm "elevado potencial de crescimento e de geração de valor", ao mesmo tempo que podem "complementar" outros segmentos de procura. Em causa está o turismo residencial, o desporto (golfe, por exemplo), o turismo urbano e o turismo cultural.

Já o produto "sol e praia" irá sofrer uma "crescente dificuldade em competir com novos destinos emergentes e uma clara tendência para a degradação das condições competitivas", mas continuará no curto e no médio prazo a ser a "base" da oferta turística portuguesa. Embora represente cerca de 100 milhões de chegadas todos os anos para a zona do Mediterrâneo, o estudo ontem apresentado indica que os resultados desta estratégia irão manter-se pouco interessantes: taxas de crescimento "abaixo da média", gastos médios "pouco interessantes", sazonalidade elevada e níveis de fidelização "baixos". Conclusão? Uma vez "que não pode ser abandonado", tem de se apostar na requalificação.

Em termos de medidas urgentes, Ernâni Lopes considerou que os agentes privados do sector devem avançar rapidamente com a criação de um fórum empresarial para a excelência e cooperação no turismo, de forma a "pôr os actores relevantes [do sector] em contacto e em diálogo uns com os outros". Defendeu também a organização de uma autoridade nacional e de um conselho estratégico de turismo - juntando entidades públicas e privadas -, de preferência sob a alçada de um ministério específico para o sector.

Fora do top 10 em 2020 Portugal irá estar fora dos dez primeiros destinos turísticos à escala mundial em 2020, de acordo com as novas previsões da Organização Mundial de Turismo, que nas anteriores projecções indicava o país como um dos futuros top 10. Os novos dados foram ontem divulgados durante o congresso pelo responsável para a Europa desta agência especializada da ONU, Luigi Cabrini, que apontou para um crescimento médio de 2,1 por cento entre 1995 e 2020, abaixo da média de três por cento projectada para a Europa.

Assim, em 2020 deverão chegar 16 milhões de turistas a território português, contra 11,6 milhões no ano passado. Neste ano, Portugal terá recebido menos um por cento de turistas do que em 2003, mas as receitas cresceram oito por cento, para 6,3 mil milhões de euros.
A China será o principal destino mundial em 2020, seguida da França, Estados Unidos da América e Espanha."

Friday, July 01, 2005

A propósito das campanhas contra a política do governo socialista

Nenhum governo socialista pode esquecer as pessoas, nem pode esquecer a luta contra as desigualdades, logo a justiça social, nem esquecer a busca dos consensos, logo o diálogo social.

Mas o que está em causa, agora e aqui, é a questão da capacidade competitiva de um país que, como Portugal, aceitou integrar uma comunidade de países mais vasta: a UE.

O comissário espanhol, Joaquín Almunia, responsável pelos Assuntos Económicos e Monetários, identificou com muita acuidade o problema quando, a propósito do chamado “procedimento por deficit excessivo” que foi levantado contra Portugal, no passado dia 22 de Junho, afirmou:

"O que Portugal e a Europa necessitam não é de um défice e de uma dívida em agravamento, mas sim de um círculo virtuoso de reformas económicas e de ajustamentos orçamentais de carácter estrutural, com o objectivo de criar margem para o tipo de despesas que fomenta a competitividade e que conduz a um crescimento mais dinâmico e à criação duradoura de emprego".

Acrescentaria que Portugal e a Europa não necessitam da mentira a propósito de tudo e de nada e, muito menos, em questões de interesse nacional, como é o caso do deficit, alvo de recentes exercícios perversos, em cartas de Santana e artigos de Bagão Félix. A máscara, finalmente, caiu.

Em Portugal é aos socialistas que cabe sempre a tarefa de aplicar os programas de austeridade. Assim foi com Mário Soares, em 1983, preparando as condições para a adesão à CEE, ocorrida em 1985, para benefício de Cavaco que, alcançado o poder, desfrutou, entre 1985 e 1995, da maior avalanche de apoios financeiros externos de que há memória na nossa história recente.

A reforma do estado, com a consequente consolidação orçamental, ficou para depois e, passados 20 anos, o país está confrontado com uma nova época de austeridade que iniciou agora a sua marcha abrindo uma “guerra de longa duração” caso se destine, como se espera e deseja, a encetar uma reforma global do Estado e a mudar a natureza do seu papel na sociedade.

Não é possível pensar qualquer modelo sustentável de “estado social” no qual os cidadãos vivem cada vez mais tempo e alcancem o direito à reforma cada vez mais cedo.

A míngua dos recursos financeiros do estado, para assegurar as pensões de reforma, cresce exponencialmente pois cada vez mais trabalhadores, de todas as profissões e escalões de qualificação, alcançam a idade da reforma quando se tornam cinquentenários (os chamados “babby-boomers”, nascidos entre 1945 e 1955), ao mesmo tempo que a esperança de vida avança a passos largos para os 80 anos. A segurança social e a saúde são os dois principais sectores onde se pressagia, desde há muito tempo, o naufrágio do “estado social” em Portugal.

Mas o que dizer da educação que apresenta dos piores indicadores (senão o pior) na relação custo/benefício entre todos os países da UE?

Os diagnósticos estão feitos e não há muitas alternativas para resolver a magna questão da mudança de paradigma do chamado “modelo social europeu”. Trata-se de encetar uma reforma profunda do Estado, modernizar, colocar a “coisa pública” ao serviço dos cidadãos, quebrar privilégios e rotinas ancestrais. As reformas são necessárias. Todos o sabemos e não vale a pena continuar a olhar para o umbigo e enterrar a cabeça na areia.

Por isso não é de estranhar que toquem tambores açulando a multidão contra as políticas dos socialistas como se estes fossem traidores ao cumprimento da esperança de redenção das velhas utopias do socialismo igualitário. Mas tal como o sonho do socialismo libertário, há muito, morreu, também a utopia igualitária é um sonho que pertence às relíquias do socialismo.

Neste contexto a esquerda não pode continuar agarrada às velhas bandeiras do socialismo igualitário entendendo, de uma vez por todas: primeiro, que a justiça social só é viável criando riqueza; segundo, que se não pode distribuir o que não há; terceiro, que é preciso trabalhar; quarto, mais do que trabalhar, é preciso trabalhar melhor e durante mais tempo.

A esquerda será mesmo o lugar da mudança? Ou o lugar do imobilismo? Há muitos portugueses que se sentem sempre devedores das benesses e da gratidão do estado. Nunca se sentem obrigados a dar nada e estão sempre prontos a tudo receber. Desprezam a iniciativa e tremem perante qualquer inovação. São os conservadores, sem princípios, que amarram a nação à perpétua humilhação de um estatuto internacional de “mão estendida”.

É em nome desses portugueses que se bate a esquerda? Para quê? Para favorecer o regresso à autarcia, ao “orgulhosamente sós” de Salazar, à negação dos próprios valores fundamentais da liberdade, ou seja, o contrário da afirmação da autonomia do homem e da sua individualidade perante todas as tutelas.

A esquerda é o lugar da liberdade! Mesmo quando parece que a liberdade está contra a justiça é sempre preferível escolher a liberdade. Porque a liberdade preserva as condições de lutar contra a injustiça. E a justiça sem liberdade é, sempre, o caminho da tirania.

Ao PS, no governo ou fora dele, compete salvaguardar estes princípios tomando como certo que, ao contrário do que alguns querem fazer crer, o somatório das corporações não é o povo português. As corporações representam apenas uma pequena parte do povo tendo-se, no entanto, apoderado de um poder desmesurado e ilegítimo que é exercido, a mais das vezes, ao arrepio dos princípios de um verdadeiro estado de direito democrático.

Não espanta que os seus beneficiários se encarnicem lançando campanhas contra as medidas anunciadas pelo governo socialista. Ora estas campanhas são a melhor contraprova da justeza, no essencial, dessas medidas.

(Artigo publicado no "Semanário Económico" na edição de 1 de Julho de 2005)

Thursday, June 23, 2005

DISCURSO DE TONY BLAIR NO PARLAMENTO EUROPEU - 23 DE JUHNO DE 2005

It is an honour to be here in the European Parliament today. With your permission, I will come back after each European Council during the UK Presidency and report to you. In addition, I would be happy to consult the Parliament before each Council, so as to have the benefit of the views of the European Parliament before Council deliberations.

This is a timely address. Whatever else people disagree upon in Europe today, they at least agree on one point: Europe is in the midst of a profound debate about its future. I want to talk to you plainly today about this debate, the reasons for it and how to resolve it. In every crisis there is an opportunity. There is one here for Europe now, if we have the courage to take it.

The debate over Europe should not be conducted by trading insults or in terms of personality. It should be an open and frank exchange of ideas. And right at the outset I want to describe clearly how I define the debate and the disagreement underlying it.

The issue is not between a "free market" Europe and a social Europe, between those who want to retreat to a common market and those who believe in Europe as a political project.

This is not just a misrepresentation. It is to intimidate those who want change in Europe by representing the desire for change as betrayal of the European ideal, to try to shut off serious debate about Europe's future by claiming that the very insistence on debate is to embrace the anti-Europe.

It is a mindset I have fought against all my political life. Ideals survive through change. They die through inertia in the face of challenge.

I am a passionate pro-European. I always have been. My first vote was in 1975 in the British referendum on membership and I voted yes. In 1983, when I was the last candidate in the UK to be selected shortly before that election and when my party had a policy of withdrawing from Europe, I told the selection conference that I disagreed with the policy. Some thought I had lost the selection. Some perhaps wish I had. I then helped change our policy in the 1980's and was proud of that change.

Since being Prime Minister I signed the Social Chapter, helped, along with France, to create the modern European Defence Policy, have played my part in the Amsterdam, the Nice, then the Rome Treaties.

This is a union of values, of solidarity between nations and people, of not just a common market in which we trade but a common political space in which we live as citizens. It always will be.

I believe in Europe as a political project. I believe in Europe with a strong and caring social dimension. I would never accept a Europe that was simply an economic market. To say that is the issue is to escape the real debate and hide in the comfort zone of the things we have always said to each other in times of difficulty.

There is not some division between the Europe necessary to succeed economically and social Europe. Political Europe and economic Europe do not live in separate rooms. The purpose of social Europe and economic Europe should be to sustain each other.

The purpose of political Europe should be to promote the democratic and effective institutions to develop policy in these two spheres and across the board where we want and need to cooperate in our mutual interest.

But the purpose of political leadership is to get the policies right for today's world. For 50 years Europe's leaders have done that. We talk of crisis. Let us first talk of achievement. When the war ended, Europe was in ruins. Today the EU stands as a monument to political achievement. Almost 50 years of peace, 50 years of prosperity, 50 years of progress. Think of it and be grateful.

The broad sweep of history is on the side of the EU. Countries round the world are coming together because in collective cooperation they increase individual strength. Until the second half of the 20th Century, for centuries European nations individually had dominated the world, colonised large parts of it, fought wars against each other for world supremacy.

Out of the carnage of the Second World War, political leaders had the vision to realise those days were gone. Today's world does not diminish that vision. It demonstrates its prescience. The USA is the world's only super power. But China and India in a few decades will be the world's largest economies, each of them with populations three times that of the whole of the EU. The idea of Europe, united and working together, is essential for our nations to be strong enough to keep our place in this world.

Now, almost 50 years on, we have to renew. There is no shame in that. All institutions must do it. And we can. But only if we remarry the European ideals we believe in with the modern world we live in.

If Europe defaulted to Euro scepticism, or if European nations faced with this immense challenge, decide to huddle together, hoping we can avoid globalisation, shrink away from confronting the changes around us, take refuge in the present policies of Europe as if by constantly repeating them, we would by the very act of repetition make them more relevant, then we risk failure. Failure on a grand, strategic, scale. This is not a time to accuse those who want Europe to change of betraying Europe. It is a time to recognise that only by change will Europe recover its strength, its relevance, its idealism and therefore its support amongst the people.

And as ever the people are ahead of the politicians. We always think as a political class that people, unconcerned with the daily obsession of politics, may not understand it, may not see its subtleties and its complexities. But, ultimately, people always see politics more clearly than us. Precisely because they are not daily obsessed with it.

The issue is not about the idea of the European Union. It is about modernisation. It is about policy. It is not a debate about how to abandon Europe but how to make it do what it was set up to do: improve the lives of people. And right now, they aren't convinced. Consider this.

For four years Europe conducted a debate over our new Constitution, two years of it in the Convention. It was a detailed and careful piece of work setting out the new rules to govern a Europe of 25 and in time 27, 28 and more member states. It was endorsed by all Governments. It was supported by all leaders. It was then comprehensively rejected in referendums in two founding Member States, in the case of the Netherlands by over 60 per cent. The reality is that in most Member States it would be hard today to secure a 'yes' for it in a referendum.

There are two possible explanations. One is that people studied the Constitution and disagreed with its precise articles. I doubt that was the basis of the majority 'no'. This was not an issue of bad drafting or specific textual disagreement.

The other explanation is that the Constitution became merely the vehicle for the people to register a wider and deeper discontent with the state of affairs in Europe. I believe this to be the correct analysis.

If so, it is not a crisis of political institutions, it is a crisis of political leadership. People in Europe are posing hard questions to us. They worry about globalisation, job security, about pensions and living standards. They see not just their economy but their society changing around them. Traditional communities are broken up, ethnic patterns change, family life is under strain as families struggle to balance work and home.

We are living through an era of profound upheaval and change. Look at our children and the technology they use and the jobs market they face. The world is unrecognisable from that we experienced as students 20, 30 years ago. When such change occurs, moderate people must give leadership. If they don't, the extremes gain traction on the political process. It happens within a nation. It is happening in Europe now.

Just reflect. The Laeken Declaration which launched the Constitution was designed "to bring Europe closer to the people". Did it? The Lisbon agenda was launched in the year 2000 with the ambition of making Europe "the most competitive place to do business in the world by 2010". We are half way through that period. Has it succeeded?

I have sat through Council Conclusions after Council Conclusions describing how we are "reconnecting Europe to the people". Are we?

It is time to give ourselves a reality check. To receive the wake-up call. The people are blowing the trumpets round the city walls. Are we listening? Have we the political will to go out and meet them so that they regard our leadership as part of the solution not the problem?

That is the context in which the Budget debate should be set. People say: we need the Budget to restore Europe's credibility. Of course we do. But it should be the right Budget. It shouldn't be abstracted from the debate about Europe's crisis. It should be part of the answer to it.

I want to say a word about last Friday's Summit. There have been suggestions that I was not willing to compromise on the UK rebate; that I only raised CAP reform at the last minute; that I expected to renegotiate the CAP on Friday night. In fact I am the only British leader that has ever said I would put the rebate on the table. I never said we should end the CAP now or renegotiate it overnight. Such a position would be absurd. Any change must take account of the legitimate needs of farming communities and happen over time.

I have said simply two things: that we cannot agree a new financial perspective that does not at least set out a process that leads to a more rational Budget; and that this must allow such a Budget to shape the second half of that perspective up to 2013. Otherwise it will be 2014 before any fundamental change is agreed, let alone implemented.

Again, in the meantime, of course Britain will pay its fair share of enlargement. I might point out that on any basis we would remain the second highest net contributor to the EU, having in this perspective paid billions more than similar sized countries.

So, that is the context. What would a different policy agenda for Europe look like?

First, it would modernise our social model. Again some have suggested I want to abandon Europe's social model. But tell me: what type of social model is it that has 20m unemployed in Europe, productivity rates falling behind those of the USA; that is allowing more science
graduates to be produced by India than by Europe; and that, on any relative index of a modern economy - skills, R&D, patents, IT, is going down not up. India will expand its biotechnology sector fivefold in the next five years. China has trebled its spending on R&D in the last five.
Of the top 20 universities in the world today, only two are now in Europe.

The purpose of our social model should be to enhance our ability to compete, to help our people cope with globalisation, to let them embrace its opportunities and avoid its dangers. Of course we need a social Europe. But it must be a social Europe that works.

And we've been told how to do it. The Kok report in 2004 shows the way. Investment in knowledge, in skills, in active labour market policies, in science parks and innovation, in higher education, in urban regeneration, in help for small businesses. This is modern social policy, not regulation and job protection that may save some jobs for a time at the expense of many jobs in the future.

And since this is a day for demolishing caricatures, let me demolish one other: the idea that Britain is in the grip of some extreme Anglo-Saxon market philosophy that tramples on the poor and disadvantaged.

The present British Government has introduced the new deal for the unemployed, the largest jobs programme in Europe that has seen long-term youth unemployment virtually abolished. It has increased investment in our public services more than any other European country in the past five years. We needed to, it is true, but we did it. We have introduced Britain's first minimum wage. We have regenerated our cities. We have lifted almost one million children out of poverty and two million pensioners out of acute hardship and are embarked on the most radical expansion of childcare, maternity and paternity rights in our country's history. It is just that we have done it on the basis of and not at the expense of a strong economy.

Secondly, let the Budget reflect these realities. Again the Sapir report shows the way. Published by the European Commission in 2003, it sets out in clear detail what a modern European Budget would look like. Put it into practice. But a modern Budget for Europe is not one that 10 years from now is still spending 40 per cent of its money on the CAP.

Thirdly, implement the Lisbon Agenda. On jobs, labour market participation, school leavers, lifelong learning, we are making progress that nowhere near matches the precise targets we set out at Lisbon. That Agenda told us what to do. Let us do it.

Fourth, and here I tread carefully, get a macroeconomic framework for Europe that is disciplined but also flexible. It is not for me to comment on the Eurozone. I just say this: if we agreed real progress on economic reform, if we demonstrated real seriousness on structural change, then people would perceive reform of macro policy as sensible and rational, not a product of fiscal laxity but of commonsense. And we need such reform urgently if Europe is to grow.

After the economic and social challenges, then let us confront another set of linked issues - crime, security and immigration. Crime is now crossing borders more easily than ever before. Organised crime costs the UK at least £20bn annually.

Migration has doubled in the past 20 years. Much of the migration is healthy and welcome. But it must he managed. Illegal immigration is an issue for all our nations, and a human tragedy for many thousands of people. It is estimated that 70 per cent of illegal immigrants have their passage facilitated by organised crime groups. Then there is the repugnant practice of human trafficking whereby organised gangs move people from one region to another with the intention of exploiting them when they arrive. Between 600,000 and 800,000 people are trafficked globally each year. Every year over 100,000 women are victims of trafficking in the European Union.

Again, a relevant JHA agenda would focus on these issues: implementing the EU action plan on counter-terrorism which has huge potential to improve law enforcement as well as addressing the radicalisation and recruitment of terrorists; cross-border intelligence and policing on organised crime; developing proposals to hit the people and drug traffickers hard, in opening up their bank accounts, harassing their activities, arresting their leading members and bring them to justice; getting returns agreements for failed asylum seekers and illegal immigrants from neighbouring countries and others; developing biometric technology to make Europe's borders secure.

Then there is the whole area of CFSP. We should be agreeing practical measures to enhance European defence capability, be prepared to take on more missions of peacekeeping and enforcement, develop the capability, with NATO or where NATO does not want to be engaged outside it, to be able to intervene quickly and effectively in support of conflict resolution. Look at the numbers in European armies today and our expenditure. Do they really answer the strategic needs of today?

Such a defence policy is a necessary part of an effective foreign policy. But even without it, we should be seeing how we can make Europe's influence count. When the European Union agreed recently a doubling of aid to Africa, it was an immediate boost not just for that troubled
continent, but for European cooperation. We are world leaders in development and proud of it. We should be leading the the way on promoting a new multi-lateral trade agreement which will increase trade for all, especially the poorest nations. We are leading the debate on climate change and developing pan-European policies to tackle it.

Thanks to Xavier Solana, Europe has started to make its presence felt in the MEPP. But my point is very simple. A strong Europe would be an active player in foreign policy, a good partner of course to the US but also capable of demonstrating its own capacity to shape and move the world forward.

Such a Europe - its economy in the process of being modernised, its security enhanced by clear action within our borders and beyond - would be a confident Europe. It would be a Europe confident enough to see enlargement not as a threat, as if membership were a zero sum game in which old members lose as new members gain, but an extraordinary, historic opportunity to build a greater and more powerful union.

Because be under no illusion: if we stop enlargement or shut out its natural consequences, it wouldn't, in the end, save one job, keep one firm in business, prevent one delocalisation. For a time it might but not for long. And in the meantime Europe will become more narrow, more introspective and those who garner support will be those no in the traditions of European idealism but in those of outdated nationalism and xenophobia. But I tell you in all frankness: it is a contradiction to be in favour of liberalising Europe's membership but against opening up its economy.

If we set out that clear direction; if we then combined it with the Commission - as this one under Jose Manuel Barroso's leadership is fully capable of doing - that is prepared to send back some of the unnecessary regulation, peel back some of the bureaucracy and become a champion of a global, outward-looking, competitive Europe, then it will not be hard to capture the imagination and support of the people of Europe.

In our Presidency, we will try to take forward the Budget deal; to resolve some of the hard dossiers, like the Services Directive and Working Time Directive; to carry out the Union's obligations to those like Turkey and Croatia that wait in hope of a future as part of Europe; and to conduct this debate about the future of Europe in an open, inclusive way, giving our own views strongly but fully respectful of the views of others.

Only one thing I ask: don't let us kid ourselves that this debate is unnecessary; that if only we assume 'business as usual', people will sooner or later relent and acquiesce in Europe s it is, not as they want it to be. In my time as Prime Minister, I have found that the hard part is not taking the decision, it is spotting when it has to be taken. It is understanding the difference between the challenges that have to be managed and those that have to be confronted and overcome. This is such a moment of decision for Europe.

The people of Europe are speaking to us. They are posing the questions. They are wanting our leadership. It is time we gave it to them.

(DISCURSO INTEGRAL DO PRIMEIRO MINISTRO TONY BLAIR, NO PARLAMENTO EUROPEU, PROFERIDO EM 23 DE JUNHO DE 2005)